[Llamada telefónica entre dos amantes homosexuales que se reencuentran después de un año sin verse]

Luis Sebastián, me dijo, tengo algo muy importante que contarte. Ya me lo dirás cuando llegues, dije yo. Es algo que quería contarte hace tiempo, dijo. Su voz sonó inusualmente desamparada. En ese momento comencé a sospechar que algo pasaba, que Piel Divina no me había llamado sólo porque quisiera verme o porque necesitara que le prestara dinero. ¿Qué pasa?, dije, ¿Qué ocurre? Sentí cómo la última moneda entraba en la panza del teléfono público, un ruido de hojas, de viento levantando hojas secas, un ruido como de cables enredándose y desenrédandose y después deshaciendose en la nada. Miseria poética.

Poema Sion

No tengo, o al menos no quiero tener, el objetivo de desacreditar a nadie en esta entrada. Sin embargo creo que va siendo hora de ponerme a meditar en el asunto. Me ha llamado la atención la gran cantidad de hombres que acuden al gimnasio o “gym”. Eso no tiene nada de maravilloso ni cuestionable, sí pensamos que una vida saludable es derecho y obligación de todos nosotros, y la vanidad es, al fin y al cabo, común en el ser humano.

Ahora, cuando tomamos esta nueva tendencia de vida citadina y la colocamos sobre la comunidad gay, de alguna manera me preocupo, trato te tomar el tema como fenómeno social a pensarlo en una cuestión personal. Al parecer la insignia de nuestra comunidad no es el arcoiris (creada en los 70’s) sino la superficialidad. La incapacidad de crear lazos fraternales debido a lo incógnito y anónimo de forma de vida, la testosterona que nos hace rendir un culto a lo sexual y físico sobremedido, la facilidad y frialdad del sexo homosexual, la etiqueta puesta sobre el gay de: exitosos profesionalmente debido a la falta de familia. Todas ellas grandes verdades. Me hacen pensar que son la causa de nuestra superficialidad.

Mi preocupación reside en el hecho de que se haga definitivo el requisito de ser “atlético” para poder aspirar a una  relación sentimental. Pensé que el fenomeno sólo ocurría en las páginas de perfiles gay (que son más bien páginas de encuentros)  y en chats; aunque de entrada no podríamos esperar alguna cosa seria en estos sitios pero la inicial premisa que mucho promete de “Busco una relación seria con alguien honesto, sincero, maduro, que quiera compartir su vida…” se desvirtua cuando leemos el final de la plegaria virtual “…que sea guapo, atlético y bien osea cero nacos. Gracias”. Pensando que el siguiente escenario para conocer gente, los bares y/o cafés gay, son ambientes stupid-hollow-people-free, no es así. Acepto que es necesario una atracción física para iniciar un contacto pero el descartar alguien a quien no cumple con el checklist de: guapo con sixpack, brazos gruesos, torax fuerte y definido, piernas marcadas, espalda ancha, se me hace tonto, y mucho más para los que presumimos que no buscamos una belleza externa sino externa.

Creo que mi comentario sería repudiado por todos, ya que alegarían el derecho a los gustos físicos de cada quien, y obviamente un cuerpo escultural y definido es considerado como atractivo por la inmensa mayoría. Sin embargo creo que esa delgada línea de los gustos personales ha sido superada y nos ahogamos cada vez más en el estereotipo que nos hemos impuesto. Y es que el gran porcentaje de la comunidad homosexual tiene un retraso de madurez debido al closet en el que nos guardamos por años.

Obviamente hay un miedo personal que me mueve a escribir esto porque como supondran no pertenzco a esta nueva ola de adictos al gym. Veo cada vez más lejana la posibilidad de encontrar una relación sentimental ya no satisfactoria, sino una relación formal tan siquiera. Toda toma de partido en un tema inicia con la afectación personal, por supuesto.

Viene a mi mente HV. un amigo mío gay que frecuento muy poco,  un muchacho con sobrepeso y con un autoestima baja, se quejaba del ambiente gay frívolo y superficial y la necesidad de una pareja, es una persona buena pero con cierto trauma debido a eso. Lo encontré ayer después de un año de no verlo, bajó 20 kilos de peso, entró al gym y ahora luce un cuerpo como él mismo le llama “atlético”, sus ánimos están renovados y dice que se considera fuera del ambiente, – me molestan todos los putos y su comunidad tan estúpida e inmadura – dice, le expuse mi idea acerca del fenómeno gym. Me dijo, algo molesto, qué no formaba parte de esa corriente, lo hizo por y para él, antes se sentía descontento con su cuerpo e inevitablemente deprimido, no le gustaba verse al espejo y con un sentimiento constante de derrota. Entendí. Se le notaba el cambio de actitud. Fue entonces que lo felicité pero no por lo bien que se veía sino por el triunfo personal que eso significaba, el saberse capaz del esfuerzo, la disciplina, vencer al reto de mediano plazo. Ahora sabe que es capaz de muchas cosas, la confianza  se ve en sus ojos. Me dio gusto por él. Será que esta es la cara que debería yo ponerle a esto de gay-going-to-the-gym?

Por mi parte creo que retrasaré lo más que pueda ceder a la tendencia, me siento sano con mi rutina de ejercicio actual. No me considero una persona desesperada por sentirme “aceptado” por los demás en cuestión física – y espero nunca estarlo. Pero bueno, uno nunca sabe. Si es así, espero tomar la actitud de mi amigo HV.

Saludos.

H.

Hermosa es la puta de Closingtown, hermosa. Negros son los cabellos de la puta de Closingtown, negros. Hay decenas de libros en su habitación, en el primer piso del saloon, que lee mientras espera, historias con un principio y un final, si se lo pides, te las contará. Joven es la puta de Closingtown, joven. Al tenerte entre sus piernas te susurra: amor mío. Decía Shatzy que costaba como cuatro cervezas. Sed de ella en los pantalones de toda la ciudad.

Ateniéndonos a los hechos, ella fue hasta allí para ser maestra. Habían convertido la escuela en un almacén, desde que se marchara la señorita McGuy. Y, en un momento dado, llegó ella. Lo arregló todo y los chiquillos empezaron a comprar libretas, lápices y todo lo demás. Según Shatzy, sabía lo que se hacía, y utilizaba libros comprensibles. Incluso hasta los muchachos mayores le encontraron el gusto, iban cuando podían, la maestra era hermosa, y al final conseguían leer las frases escritas bajo los rostros de los bandidos, los que colgaban en la oficina del sheriff Se trataba de chicos que ya eran hombres. Ella cometió el error de quedarse, a solas, con uno de ellos en la escuela vacía, una tarde cualquiera. Se abrazó a él, e hicieron el amor con todas las ganas del mundo. Después, cuando aquel asunto dio en saberse, los hombres habrían hecho oídos sordos, pero las mujeres dijeron que era una puta, y no una maestra.
En efecto, dijo ella.

Cerró la escuela y empezó a trabajar al otro lado de la calle, en una habitación del primer piso del saloon. Sutiles son las manos de la puta de Closingtown, sutiles. Se llamaba Fanny. Todos la querían, pero sólo uno la amaba, y era Pat Cobhan. Se quedaba abajo, bebía cervezas, y esperaba. Cuando había terminado, ella bajaba.
Hola, Fanny.
Hola.
Iban arriba y abajo, desde el principio hasta el final de la ciudad, agarrados, en la oscuridad, y hablando de aquel viento que nunca cesaba.
Buenas noches, Fannv.
Buenas noches.

Pat Cobhan tenía diecisiete años. Verdes eran los ojos de la puta de Closingtown, verdes. Si quieres entender su historia —decía Shatzy— tienes que saber cuántos disparos tenía en aquel tiempo un revólver. Seis. Ella decía que era un número perfecto. Piénsalo. Y haz sonar ese ritmo. Seis disparos, uno dos tres cuatro cinco seis. Perfecto. ¿No oyes el silencio, después? Ése sí que es un silencio. Uno dos tres cuatro. Cinco seis. Silencio. Es como una respiración. Cada seis disparos es una respiración. Puedes respirar rápidamente, o lentamente, pero cada respiración es perfecta. Uno dos tres cuatro cinco. Seis. Respira el silencio, ahora.
¿Cuántos disparos tenía un revólver?
Seis.
Y entonces te contaba aquella historia.

Pat Cobhan ríe por lo bajo, con espuma de cerveza en la barba y olor a caballo en las manos. Hay un violinista que toca y que tiene un perro amaestrado. La gente le tira una moneda, el perro va a recogerla y luego vuelve hacia su amo, caminando sobre las patas traseras, y le mete la moneda en el bolsillo. El violinista está ciego. Pat Cobhan ríe.

Fanny trabaja, en el piso de arriba, con el hijo del pastor entre sus piernas. Amor mío. El hijo del pastor se llama Young. Se ha dejado la camisa puesta y tiene el pelo negro bañado en sudor. Algo parecido al terror, en sus ojos. Fanny le dice Fóllame, Young, pero él se pone rígido y se escapa de las piernas abiertas —medias blancas con fino encaje hasta encima de las rodillas, y luego nada más. El no sabe adónde mirar. Le coge una mano y se la frota sobre su sexo. Sí, Young, dice ella. Lo acaricia, Eres guapo, Young, le dice. Se lame la palma de la mano, mirándolo a los ojos, y luego vuelve a acariciarlo, rozándolo apenas. Venga, dice Young. Venga. Ella aprieta en la palma de la mano su sexo. Él cierra los ojos y piensa No debo pensar. En nada. Ella se mira su mano, y después el sudor sobre el rostro de Young, sobre el pecho, y después su propia mano deslizándose sobre su sexo. Me gusta tu polla, Young, quiero tu polla. Él está de lado, apoyado sobre un brazo. El brazo tiembla. Ven, Young, dice ella. Él tiene los ojos cerrados. Ven. Él se vuelve por encima de ella, y arremete entre las piernas abiertas. Así, Young, así, dice ella. Él abre los ojos. En los ojos, algo parecido al terror. Hace una nueva mueca, y se sale. Espera, Young, dice ella, cogiéndole la cabeza entre las manos y besándolo. Espera, dice él. Pat Cobhan ríe, en el piso de abajo, y echa una ojeada al reloj de péndulo, tras la barra. Pide otra cerveza y juega con una moneda de plata, intentando mantenerla en equilibrio sobre el borde del vaso vacío.

¿Quieres casarte conmigo, Fanny?
No digas tonterías, Pat.
Lo digo en serio.
Para ya.
¿Yo te gusto, Fanny?
Sí.
Tú me gustas, Fanny.
La moneda cae dentro del vaso, Pat Cobhan le da la vuelta al vaso, cae la moneda, sobre la madera de la barra, y gotea un resto de cerveza, líquido y espuma. Coge la moneda y la seca en sus pantalones. La mira. Le entran ganas de olerla. La deja de nuevo sobre el borde del vaso. Echa una ojeada al reloj de péndulo. Piensa: Young, hijo de puta, ¿quieres acabar de una vez? Dulce es el perfume de la puta de Closingtown, dulce.

Alessandro Baricco.

… he elegido en todo momento mi propio destino, que no es otro que morir aquí, en este jardín petrificado tras las cancelas y las puertas cerradas a cal y canto, cerca de los huesos de mi padre, en un espacio en el que resuenan los ecos de los himnos que podría haber escrito, pero que no escribí por creer que eran demasiado fáciles.

J.M. Coetzee

Hoy he vuelto a soñar lo mismo. Estoy acostado en su cama viendo a través de la ventana el jardín trasero. Es de noche. Las sábanas son blancas y siento (no oigo ni escucho), siento su respiración junto a mí. No me es necesario verlo, por el contrario me concentro en el viento que cruza y toca los arboles, las plantas, la cerca, la ventana, su casa; su casa donde está su cama, donde estoy acostado junto a él. No me es necesario verlo porque sé que detrás de mí su mano dormida toca levemente mi cabello. Estoy feliz. Sólo siento su respiración que recorre las sábanas blancas mientras veo a través de su ventana el jardín trasero. Cuando se sueña no se es sino que se está. Desperté.

Desperté con la boca seca en este cuarto sin ventanas. Busqué mi medicina pero recordé que tenía la caja vacía desde hace dos días. Necesito un trabajo, necesito bañarme y quitarme este olor a saliva seca de mi cuerpo. Saliva de la aventura de anoche, el nombre aún no lo he olvidado aunque sé que no le volveré a ver.

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Mi psiquiatra me ha dado unas muestras médicas suficiente para una semana. Todo vuelve a ser como antes. La sensación de posibilidad se desvanece. La luz del día se nivela y los colores de los cosas menguan. Todo tiene el color del atardecer que muere y de la noche que regresa una vez más. Es seguro que no habrá angustia. Es seguro que podré dormir. No sé lo que pensaré mañana ni lo que querré. Lo que si sé es que cualquier sueño será olvidado.

No puedo más. Nadie puede más.

H.

 …Lo tengo escrito en una hoja junto a mi cama, seguramente la premonición del olvido me hizo escribirlo todo. Así fue, lo olvidé pero esto fue lo que leí: Estábamos en tu coche. Deseaba que lloviera y ver las gotas sobre el vidrio bajando una a una. Te dije que los suburbios americanos me parecían dolorosamente solitarios. No me volteaste a ver, sonreíste levemente. – Dolorosamente solitarios, sé de lo que hablas. – dijiste. ¿Por qué sonreíste? Era acaso que te dabas cuenta del delgado hilo del destino que recorrió kilómetros o millas (según quien lo pensara, tú o yo) y que esperó años para jalarnos y arrastrarnos a ese momento, a ese lugar en el que los dos nos sabíamos tan cerca pero también teníamos la certeza de la imposibilidad. O acaso sonreías porque creías gracioso que ese niño sentado en tu coche hablara con tal seguridad de algo de lo que tú sabías de tantos años. La soledad. Miraba como las copas de los arboles se movían en vaivén por el viento nocturno. Después de esa noche nunca te volví a ver. Un rayo iluminó el cielo. La lluvia se acercaba y tú estabas junto a mí.

storm

Pensamientos incompletos

Enero 30, 2009

sabanas1

Los olores se mezclan con las visiones . El agua se vuelve tierra y lo que antes era lodo ahora son mis pensamientos. Las gotas de agua son granos de arena que salen de mis ojos y se elevan hasta que todo estalla en mil pedazos. Y en mis fantasías todo se reune otra vez, todo se fusiona poco a poco creando nuevos entes. 

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¿No podríamos ahorrarnos el juego de la pretensión? e ir directo al final de todo, al termino del día a perdernos en las sábanas soñando con quien sabe que cosa. Cosa que será borrada por la memoria, maldita memoria que ahoga todo rastro de emoción, invalidando los sueños.

H.

Slow Man

Enero 28, 2009

The blow catches him from the right, sharp and surprising and painful, like a bolt of electricity, lifting him up off the bicycle. Relax! he tells himself as he flies through the air (flies through the air with the greatest of ease!), and indeed he can feel his limbs go obediently slack. Like a cat he tells himself: roll, then string to you feet, ready for what comes next. The unusual word limber or limbre is on the horizon too.

He lies streched out, at peace. It is a glorious morning. The sun’s touch is kind. There are worse things than letting oneself go slack, waiting for one’s strenght to return. In fact there might be worse things than having a quick nap. He closes his eyes; the world beneath him, rotates; he goes absent.

“Slow Man” J.M. Coetzee. Fragmento.

Heaven

Enero 20, 2009

Phillipa: Where do we go?
Phillipo: I’d like you to take me to the place where you grew up
Phillipa: I don’t even know your name
Phillipo: Phillipo
Phillipa: When where you born?
Phillipo: May 23rd 1978
Phillipa: say that again
Phillipo: May 23rd 1978
Phillipa: at what time?, do you know?
Phillipo: in the morning, at 8 o’clock
Phillipa: I know exactly what I was doing on May 23rd 1978, it’s my birthday I was having my first holly communion. I was dressed up like a bride, white dress and a veil my mother had made me. When she put me the dress on and covered my face with the veil, she burst into tears. I don’t know why.

[both seeing Montelpuciano]

Phillipa: It’s like nothing have ever happened

Meet me in Montauk

Enero 3, 2009

montauk

Joel: I really should go! I’ve gotta catch my ride.
Clementine: So go.
J: I did. I thought maybe you were a nut… but you were exciting.
C: I wish you had stayed.
J: I wish I had stayed to. NOW I wish I had stayed. I wish I had done a lot of things. I wish I had… I wish I had stayed. I do.
C: Well I came back downstairs and you were gone!
J: I walked out, I walked out the door!
C: Why?
J: I don’t know. I felt like I was a scared little kid, I was like… it was above my head, I don’t know.
C: You were scared?
J: Yeah. I thought you knew that about me. I ran back to the bonfire, trying to outrun my humiliation.
C: Was it something I said?
J: Yeah, you said “so go.” With such disdain, you know?
C: Oh, I’m sorry.
J: It’s okay.
C: Joely? What if you stayed this time?
J: I walked out the door. There’s no memory left.
C: Come back and make up a good-bye at least. Let’s pretend we had one.
C: Bye Joel.
J: I love you…
C: Meet me… in Montauk…