El Objeto de mi Afecto
Abril 20, 2007
El objeto de mi afecto es, en mi caso, una versión un tanto tergiversada y patética. El objeto de mi afecto no es aquella persona a la que puedo y quiero amar y él lo haga conmigo, para mi es tan sólo la persona con la que fantaseo estar, la persona que idealizo y le construyo una personalidad y sentimientos que me encajen, es decir tomo una persona conocida que me agrada (dícese compañero de escuela, vecino, el joven guardia del trabajo) e invento, a veces de día pero generalmente de noche, las situaciones ordinarias, románticas y eróticas con él.
Todo esto lo cuento porque hasta hace poco, conocí en un chat room a un tipo, los dos buscabamos un encuentro casual, sin tapujos decía que quería ser penetrado, yo prefería simplemente pasar un buen rato sin llegar a tanto, “no importa ya estando ahí decidimos que hacer ¿no crees?” me dijo charlando ya en el mensajero personal, la plática se salió del contexto sexual y ahora hablabamos sobre nosotros, tratando de dar trazas para ubicar a la persona con la que estabamos hablando respectivamente, era una conversación agradable y eso lo sentía a mi favor porque empezando a darse la amistad quizá él se retractaría de tener sexo para sólo charlar o a lo mucho acariciarnos un poco.
Pasó el tiempo y quedamos encontrarnos cerca de mi casa, nos vimos en una esquina, nos saludamos y caminamos, lo observé, algo así como de 30 años, normal aunque con una personalidad plana, reservado, discreto pero con una ligera feminidad en su voz, él estaba nervioso, realmente quería sexo se notaba en lo érratico y banal que estaba nuestra plática camino al departamento.
Poco a poco las cosas se fueron tranquilizando y tomando un curso normal, me decía que buscaba una persona de planta con la cual salir, buscaba una relación bien fundamentada, “pocas veces he tenido sexo de verdad, apenas tres veces en mi vida”, el miedo y prevención a las enfermedades era lo que lo detenía a ser más activo sexualmente, cualquiera diría que era una treta para crearme una imagen, pero de cierta manera parecía un poco de verdad lo que decía porque trataba torpemente los temas sexuales y al parecer tenía una obsesión por la higiene y seguridad (cosa muy responsable pero en él ya rayaba en lo irreal), brincabamos de tema en tema regresando a veces a lo del sexo, sabía más de arte que yo y eso me atraía, aunque parecía niño al tratar de impresionarme con su conocimiento, jugaba mucho con la servilleta que le había dado para su bebida, dicen que todo hombre que juega con servilletas en la mesa es gay, al menos en el caso de él era cierto, se sorprendía de los hombres del chat room, y lo promiscuos y depravados que podían ser, definitivamente no se incluía en la lista. “Hay de todo, gente tranquila, y gente de mucho sexo, pero vamos! nadie es un inocente, somos hombres somos calientes por naturaleza, si estamos en el chat es por algo” yo le decía, dejando en claro que yo no era blanca palomita, pero tampoco un sexo adicto, “si ya se, pero tú te ves tranquilo, me gustas, y me siento afín a tí” contestó, y yo pensé que era una frase que decía para llevarme a la cama, y lo estaba logrando aunque me convencía que lo mejor entre nosotros sería una amistad a secas.
Dejó su vaso en la mesa, y era señal de que nos besaríamos, lo hicimos y lo acaricié un poco, debido a que nunca he besado a nadie en público, mis besos son un poco más pasionales, no hay la necesidad de besos fríos e insipidos, él se mostró sorprendido ante eso, “vaya nunca pensé que tendría tu lengua en mi boca” eso me molestó un poco por que él pasaba rapidámente de pensarte una persona normal a un pervertido, “eres el primero que me besa de esa forma tan rápido, creo que eres bastante pasional, y eso me va a gustar” me dijo. Pidió ir al baño y tardó unos minutos, supé que él venía por cama y no se iría sin ella, yo no tenía problema, tenía yo unos condones y con la fijación de mi amigo por la seguridad, no tendríamos prácticas inseguras.
En la cama era bastante tranquilo, demasiado creo, yo lo besaba, yo lo acariciaba, yo lo tocaba, yo lo excitaba, yo me movía con cierto ritmo cuando lo penetraba, él se dedicaba a recibir placer y ya, su cara a veces de dolor no era un buen aliciente para mí, “¿te está doliendo?”, “si, pero tú sigue”, le dije que si los dos no lo disfrutabamos entonces el sexo no tenía caso, si, tenía que haber cierto dolor al principio pero a esas alturas ya habría que disfrutarlo. “Tú sigue”, esa era su forma de participar en el sexo, aguantar el dolor no hacía otra cosa más. Cuando todo acabo, me había terminado de convencer que no era mi tipo de persona para tener una relación seria, ni para hacer esto con frecuencia, no me agradaba más allá de una plática, por su parte se entregó a un trance de engolosamiento dándome besos por toda la cara, y el cuello, “me gusta como me besas, me haces sentir tanto, besas muy bien, además creo que la pasamos excelente, nos acoplamos muy bien tú y yo, en todo, creo que podemos empezar a salir no crees?” y yo con ganas de decirle que no sentía lo mismo, que era mejor dejarlo todo ahí pero preferí ver las sabanas que se arrugaban entre nosotros, “o tú como ves?” parecía que me estaba obligando, él quería ciertas respuestas y no estaba dispuesto a no obtenerlas, su hostigamiento y exceso de besos me irritaban, ya me parecía bastante hipócrita pues momentos antes mientras tomaba un sorbo de mi vaso me dijo “creo que todas las amistades que empiezan con sexo, terminan mal y no sirven”.
“Es tarde y tengo que salir”, empezaba mi proceso de huída. Nos vestimos, yo más rapidamente que él, mientras buscaba seguir dándome besos y hablaba de una insipiente relación que se podría convertir en algo muy bueno, mientras los dos le echáramos ganas, a todo acerté sin ganas, esperando que se diera cuenta de mis intenciones. Justo en la puerta del edificio, ratificó sus intenciones conmigo. “Claro, hablamos luego” y nos despedimos.
Tal vez suena a que deseché fríamente a una persona después del sexo, pero realmente no quería enfrentarlo en ese momento, pensé que era como muchos que buscan acostarse nada más, prometemos hablarnos después y ninguno lo hace. Con respecto a sus ilusiones de relación y de amor a primera vista y a “primer sexo”, no puedo yo convertirme en objeto de su afecto, ni él en mío, no encaja en mis fantasías, aún y cuando ya hayamos hecho algo en realidad, no es la persona para mí y por lo tanto no soy la persona para él.No es lo que busco. O acaso será que una persona como yo, sólo debe aspirar a él? No soy atractivo, tengo sobrepeso, no soy divertido, no tengo dinero, soy hasta cierto punto aburrido, será que eso es a lo que yo puedo aspirar? No lo considero poca cosa sino algo diferente de lo que quiero y aún así sigo pensando, ¿Estoy destinado a que relaciones que no me llenen, sean las que me den la máxima felicidad para mi? nunca he tenido una relación de pareja pero ¿Esa será toda mi felicidad?. Estoy pensando que si.
Martín Ramirez, el mexicano muerto que conquista NY.
Abril 12, 2007
Martín Ramírez es considerado uno de los mejores exponentes de la plástica de las últimas décadas (a pesar de que murió en 1960), mexicano por nacimiento y crianza pero adoptado por el arte estadounidense, Martínez creó más de 300 dibujos en papel que ahora se presentan con gran éxito a lo largo de galerías de prestigio como las de Nueva York, carentes de una estética perfecta pero llenos de pasión y expresión, estos dibujos provocan la intriga en el observador; la impresión de intranquilidad, desasosiego y desesperación, son confirmados una vez que se conoce la vida del autor.
Ramírez, oriundo de Los Altos, Jalisco, deja atras una esposa, cuatro hijos, y un pedazo de tierra, buscando una oportunidad en EUA en 1925, en California trabaja en minas y ferrocarriles hasta 1931 cuando la Gran Depresión lo deja sin trabajo y quebrado, vagabundea por las calles donde poco a poco se agrava una condición mental que lo aqueja, tiempo después es arrestado por la policía y diagnosticado con un tipo avanzado de esquizofrenia. Pasaría el resto de su vida encerrado.
Martín dejo de hablar pero en cambio dibujaba de manera prolífica, desafortunadamente muchos de sus dibujos fueron perdidos ya que los custodios del instituto mental se encargaban de quemar la mayor parte de los objetos de Ramírez por temor a un contagio de tuberculosis, hasta que su talento es descubierto por el Dr. Tarmo Pasto cuando encuentra el trabajo escondido por el mismo Ramírez. Se convertiría en su amigo, y más tarde en representante de su trabajo artístico.
Su vida es reconstruida o al menos sentida a traves de pedazos de papel y lápiz, patrones de líneas que se repiten y curvean hasta el límite de la desesperación, trenes infinitos que viajan en círculos, figuras e íconos que son la profunda huella de su pasado, será él el único que podría entender y tratar de explicarnos su vida y lo que pasaba por su cabeza al dibujar línea tras línea, que hoy son una intriga.
Martín muere solo y enclaustrado en un hospital en 1960, lejos de su familia la cual se olvidó de él y él de ellos.

