Cobarde o no cobarde?

Mayo 12, 2007

De vez en cuando pienso que no debí nacer en esta época, me toca vivir en el tiempo en el que por mi condición homosexual no puedo ser felíz libremente, las relaciones entre hombres son poco aceptadas y mucho menos comprendidas.

Puede que hoy me haya levantado con el pie izquierdo y veo las cosas en su peor escenario, porque yo sé que todo está cambiando, ahora muchas parejas gay demuestran su amor por la calle, ya existen las sociedades de convivencia (aún no matrimonios), ya hay más hombres que responden “tengo pareja, se llama ___” cuando les preguntan su estatus sentimental, , y las familias ya aprenden a asimilar un hijo “diferente”. ¿Pero realmente estoy hecho para soportar los pesares de la aceptación de los demás?

Me pongo a pensar en los homosexuales de otras épocas y de otros lugares, como Reinaldo Arenas que le tocó la suerte de vivir en la Cuba de la revolución, en una Cuba homofóbica que tenía campos de curación (concentración) para homosexuales, Arenas tuvo aproximadamente 5000 amantes y enfermó de SIDA, me pregunto si de haber vivido en una cultura de tolerancia, con una educación sexual enfocada en su preferencia, de haber podido tener relaciones amorosas libres, ¿habría sido otra su suerte? , o ¿Será que deseo otra época por cobarde?

Finalmente, en mi día más optimista y romántico, podría asegurar que estoy aquí para soportar y mantenerme firme, para que se acepte lo que soy, y más tarde, que se asimile mi homosexualidad como un matiz más de lo que me conforma como un individuo. Pero hoy, simplemente tengo miedo, a mis padres, a mis amigos, a que ellos me señalen… y creo tengo derecho a tenerlo.

Saludos

H.

Little Children

Mayo 8, 2007

La vida de los suburbios es la vida tranquila, la que nuestros padres nos enseñaron a desear, donde la gente vive casi dormida, somnolienta, en un sueño lejos de sus deseos y bajo su almohada sus secretos, donde estén seguros que nadie los verá. Pero de vez en cuando, como niños pequeños, hay personas que se atreven a desear y buscar las cosas que realmente quieren o creen querer, rompiendo ese delgado hilo de la armonía para que todo mundo se de cuenta que el suburbio está lejos de ser el lugar para adormecerse y esconderse.

Little Children aborda en cierto modo esa idea, Sarah (Kate Winslet) se ahoga cada vez más, un márido ausente, una vida acomodada, una maestría en literatura inglesa que no le sirve para nada, y una hija pequeña, su vida se ha construído de tal manera, que cada elemento que se le añade, aumenta una carga que duele más y más.

Brad (Patrick Wilson), es el padre jovén más atractivo del barrio, las otras madres fantasean con él mientras lo ven jugar en el parque con su hijo pequeño, ellas imaginan que Brad las seduce con un juego inocente junto a los columpios mientras mecen a sus respectivos hijos, y después de que los niños se han cansado y duermen la siesta, ellos se entregan al sexo sudoroso sobre las lavadoras en el sotano, ninguna de ellas se atrevería a hacerlo, ni siquiera Sarah, hasta que lo hizo, fue algo que no pudo evitar, así como no puede evitar subrayar “my love is a fever” en su libro de poesía, la atracción con él era inminente, y así tuvo que pasar, además Brad recibía la seguridad de su amante que no recibía de Kathie su esposa, Sarah esa pequeña y poco atractiva mujer, no lo mira con ojos de juicio, ella aunque no entiende, comprende que no haya pasado el examen de la barra de abogados por enésima ocasión, “quizá es que no quieres ser abogado”, le dice a Brad en la piscina pública mientras toman el sol junto a sus hijos, ¿es posible?, ¿es acaso posible pensaría Brad, que esto fuera lo que yo quiero?, una vida simple con Sarah, dejar a mi esposa y la fallida abogacía para practicar skateboarding por las noches antes de que se me acabe la juventud?

Ronnie, como en una analogía al futuro de Brad y Sarah, paga las consecuencias de seguir sus impulsos, tiene una incontrolable atracción por los niños, ya fue condenado por exposición malsana a un pequeño, y ahora “regenerado” regresa al seno materno para empezar de nuevo, los vecinos lo ven como un bache oscuro en su barrio limpio y seguro, Ronnie es segregado por todos los padres preocupados por sus hijos, es victima de acosos violentos, pero él los acepta, “nada me haría más feliz que ser normal” y su madre le busca, ingenuamente, una buena mujer.

Los deseos son tan engañosos, pero fébriles mientras duran, el amor adolescente e infiel lleva a Sarah y Brad a los lugares más insospechados, “Kathy merece esto?” se pregunta él pensando en su mujer, aunque Sarah no lo duda con respecto a su esposo, el hombre que sólo es capaz de excitarse con pornografía por internet. Quizá Kathy si merezca esto, Brad se siente apabullado ante su exitosa, hermosa, sexy pero fría esposa, que sólo piensa en compensar a su hijo por no estar con él en los mejores momentos.

Pero ¿qué papel juegan los demás en la vida de estos tres personajes?, la madre de Ronnie que quiere vivir bien estos últimos años, aunque eso signifique ignorar y olvidar la naturaleza de su hijo, el ex policía traumado que busca proteger un vecindario que no se lo pide y que ni siquiera pudo mantener una familia unida, los sonidos constantes del tren que se aproxima, el aislamiento y color gris del lugar, Kathy que ante la sospecha de la infidelidad parece sólo esperar ya cansada a que Brad tomé una decisión, los mismos hijos que ajenos a las situación serán la razón y causa de cualquier rumbo que tomen Ronnie, Sarah y Brad.

Ronnie sucumbe ante el papel que le han asignado, y se cura a sí mismo de la única manera que podría haberlo hecho. “Seré un muchacho bueno mamá”, de paso y de la manera más irónica, se lleva consigo en esta curación al hombre que quería rectificarse destruyendo a Ronnie y toda la suciedad que representa.

Al final la fiebre cede, una vez que los “niños pequeños” Sarah y Brad reciben un golpe de cordura suburbiana, y cada quien regresa al letargo propio del cual saben nunca debieron despertar, pero secretamente se regocijan haber salido por un momento.

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 Calif: 4.5 /5