Cuando tenía 8 años, un amigo y yo eramos los únicos que no nos gustaba el fútbol, así que en la clase de educación física, siempre eramos tres los que preferíamos hacer otra cosa que jugar soccer, Rodrigo como recuerdo se llamaba mi amigo, Julio un compañero que tenía secuelas de polio y no podía caminar bien y yo.

Platicábamos entonces de lo poco lógico que era patear una pelota e ir tras ella, lo de Julio era más un problema de resentimiento a la vida, pero lo de Rodrigo y yo, era más que nada, poca empatía al deporte.

Un día a la hora de la salida, y cuando nuestras respectivas madres fueron por nosotros,  nos encontraron juntos y platicando en una banca del parque del colegio, nos despedimos y para el siguiente día todo había cambiado… Rodrigo dejó de hablarme y empezó a jugar fútbol como todos los demás, creo firmemente que se obligaba a hacerlo, pero ahí estaba  él punteando el balón y siguiéndolo como borrego, para mi, Rodrigo seguía siendo mi amigo a pesar de que ya no me hablara, pero había perdido esa cualidad que lo hacía diferente a los demás, era ahora uno más de “ellos” que yo no comprendía quienes eran, pero que luego entendería que pasó a formar parte de ese grupo, el grupo que juzga y que me he encontrado a lo largo de mi vida.

Un mes después me mudé junto con mi familia a una ciudad de la costa, y hoy es el día en que siempre me pregunto, ¿qué habrá sido de Rodrigo?

Había una vez un país llamado Yugoslavia que era el país de los herederos de los eslavos meridionales, Yugoslavia es un lugar distante, Yugoslavia es una tierra dividida en seis partes, Yugoslavia es una isla que cada vez se aleja y se aisla por ende. Emir Kusturica lo entiende muy bien y hace toda una disertación sobre ello en Underground.

En un arranque de genialidad Kusturica crea una obra en tres actos basados en las distindas guerras sufridas por Yugoslavia, cuenta la historia de dos amigos (Marko y Blacky personajes muy surrealistas) que ante el inminente bombardeo de Belgrado por los alemanes, deciden esconderse en el sotano de una casona y desde ahí ayudar a la insurrección del pueblo construyendo armas. Pero uno de ellos, Marko, fiel a la naturaleza humana, traiciona y explota a todos los demás, haciéndoles creer que la guerra durá 15 años y los mantiene encerrados manufacturando rifles para él y su amante, la ex de Blacky.

La película tiene un tinte relajado en situaciones críticas, es decir tiene un alto desdén por la vida, así que no hay que sorprenderse si escenas de asesinatos son llevados tan a la lígera y de manera humorística, que haya cierta violencia de manera gratuita, porque todo esto es justificado… la película es alucinante, la historia es impresionante como pocas, los actores al principio parecen un poco exagerados pero cuando se da uno cuenta de las intenciones del director, todas las piezas de esta película toman su lugar para guiarnos al último y maravilloso acto de la reconciliación, el cierre y la moraleja.

Quizá uno sienta la necesidad de decir “qué demonios estoy viendo?” en la escena de la flor en el trasero, pero si se tiene un poco de paciencia se pueden observar pinceladas de genialidad artística y de un subfondo filosófico, como la escena del bombardeo al zoológico donde los animales conviven con los humanos todos al mismo nivel, el hombre es una bestia al fin y al cabo; la película grabada en la película, la parodia a uno mismo que dice que la vida y la guerra es un chiste; la constante presencia de la iglesia en la vida del inocente Ivan que no puede evadir su destino con ella, y el mismo Ivan que da la escena más dramática y cruel de todo el ensamble es el encargado de entregar la profunda reflexión final, el hijo que considera la guerra como un juego y va descubriendo al mundo poco a poco, el padre que nunca se cansa de preguntar por su hijo muerto, las carreteras subterraneas en Europa, la novia voladora, la banda sonora que es soberbia, y todo ese trance fílmico que representó la boda y el tanque, vaya! que el número de escenas y elementos memorables es incesante.

Al final, la película se vuelve universal, en ese mar de encuentros y reconciliaciones, todo hombre es una isla, todo país es una isla, es por eso que la película también se llama “Había una vez un país” porque esa historia es la historia de todos los pueblos del mundo, somos islotes que nos alejamos cada vez más y más uno del otro. Finalmente, hay que decir sin tapujos que “Underground: Había una vez un país” es una las pocas obras maestras de la década pasada.

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Es en esta cama…

Julio 2, 2007

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Es en esta cama y ahora que estamos acostados y que tengo tu aliento mezclándose con el mío, que tenemos a ese Cristo arriba de nosotros en la pared mirando hacia abajo, y creo que no te mentiría sí te digo que nos observa… y la blasfemia, esa ya es otra cosa, pero es que como no mirarnos cuando estamos abrazados así como ahora, tan solos en el mundo y también dueños de él, abrazados no queriendo dejarnos ir, porque el soltarnos significaría nuestra propia perdición.

Si, nos mira ofreciéndonos la vista de su herida que tira gotas de sangre, nos juzga; juzga que yo tome mi brazo sobre tu cuerpo, buscando esos vellos tan negros, tan hechos de nada, soplando en tus manos y en tu cuello para ver como es que tiemblas.

Y me siento culpable por lo que pienso porque sintiendo tu mano acariciando mi cara y escuchando tu voz en mi oído pienso que sólo quiero morir contigo, es que créeme cuando te digo que ya no hay más en la vida después de ti, entonces ¿para qué vivir?, y eso es lo que ese Cristo juzga, el estarte mirando.

El estarte mirando, ya no es necesario, por tu calor se que estás ahí, y también me siento parte del mundo momentáneamente, soy parte de los demás mientras me estés abrazando, capaz soy de decir cosas que nos cambien, capaz de hablar del amor que antes no se dejaba, pero mi boca en tu frente y tu cabeza en mi pecho lo dicen todo, quizás mirarte y hablarte salgan sobrando…Pero tengo que decírtelo por si acaso lo dudas, si sólo por mi voz sabes que existo, aunque yo ya estoy seguro que eres por tus latidos.

Y para cuando las palabras de amor y promesa se articulan en mi garganta, cuando finalmente los sentimientos se juntan en el centro del alma que abrazas…Una gota de sangre cae sobre mi boca.

Él nos juzga…

GML