Philadelphia -Neil Young

Septiembre 2, 2008

“Don’t turn your back on me
I don’t want to be alone
Love lasts forever.

Someone is talking to me,
Calling my name
Tell me I’m not to blame
I won’t be ashamed of love…”

A pesar del sabor de boca agridulce que me dejó “Mientras Inglaterra Duerme” decidí leer otro libro de David Leavitt, no puedo negar que su prosa es talentosa y de ritmo ágil además de algo elegante.

El cambio de ambiente es drámatico, ahora la historia se desarrolla en el Nueva York ochentero, durante toda la paranoia ante la nueva enfermedad de los homosexuales, el Sida, el mundo empezaba a aprender lo que era el virus, y una nueva forma de discrminación ante la comunidad se gestaba. Es de agradecer que Leavitt apenas y toca el tema, y no propone una historia más alrededor de la epidemia.

La novela nos presenta la premisa principal desde un principio, la primera vez que Owen entró a un cine porno gay y deseó estar con uno de aquellos que se proyectaban en la pantalla o con alguno de los cuerpos anónimos que se encontraban cerca de él, optó por masturbarse. Una vez que todo había pasado encontró su penitencia y solución al salir corriendo del teatro, dirigirse sin demora a su casa y tener un sexo mecánico y casi violento con su esposa Rose. “Sálvame Rose”, y la ingenua mujer sin entender sólo atinaba a decirle “aquí estoy, aquí estoy, nunca me voy a ir”, cada uno extrapolaba sus propias necesidades a las necesidades del otro.

La extraña relación de Phillip con su madre empieza a tomar tintes de recelo, vergüenza y arrepentimiento desde los años de Roma, y se viene desarrollándose a lo largo de todo el libro, que toma su punto culminante durante la cena en casa de los padres, donde Phillip confronta a su madre por su poca empatía a su situación y ella sin más le afirma su repulsión al tema.

La historia es algo risible en inicio, un padre y un hijo, ¿los dos homosexuales?, increíble pero posible al fin y al cabo, y así sucede con Phillip el hijo y Owen el padre.

Phillip se enamora perdidamente de Elliot un pseudo-hippie mezclado con snob que termina demostrando su carácter narcisista, esta relación es clara muestra de esas primeras relaciones fallidas por la que el hombre homosexual de hoy tiene que pasar (al menos la mayoría), por el hecho de que no aprende el arte de las citas y el flirteo a la misma temprana edad que todos los demás, Elliot es la contra parte de la especie gay que Phillip representa, es el alma libre y autoaceptado sin problemas que no puede echar raices porque su carácter no se lo permite. Eventualmente Phillip conocerá otro tipo de relación no tan pasional ni sentimental pero más duradera y segura.

Rose es el personaje más complejo de toda la trama, y es uno de los mejores logros de este libro, Leavitt logra darle los matices que hacen que no la hacen caer en el típico papel de la mujer víctima abnegada que todo lo aguanta.

El libro cierra como se esperaría, sabemos que algo pasará, que llegamos a un punto sin retorno en el de por si ya lastimado balance de las vidas de los tres personajes, Owen toma el papel de niño desprotegido que llora sin parar, Rose aprenderá a ser la nueva villana del cuento con todo su resentimiento guardado y tiene todo el derecho a ello y Phillip es ahora la persona madura, el que guiará tanto a su padre como a su madre en esta nueva étapa de sus vidas. Desafortunadamente, el autor nos da a entender que empieza a tomar el impulso para el cierre de la historia, pero desacelera poco a poco mientras nos acercamos a la última página, donde simplemente nos deja sin nada; esto no es de sorprender, porque la situación puede tener muchas aristas, muchas versiones, es imposible (al menos para mi) imaginar un final definitivo y lógico para este cuento.

Uno de los criterios para considerar a un libro como un buen libro es la sensación que te deja inmediatamente después de leer la última frase, si es un buen libro uno sigue con la inercia de la historia en la mente, con este libro me desconecte después del punto final, por lo que creo (y perdón por el juicio de valor tan infantil) que este libro no es tan bueno, porque a pesar de sus intentos falla en hacernos creer que esta historia realmente puede pasar.

Desde que empezó este año me encuentro en un país extraño. Donde no se habla mi idioma. A pesar de que estamos ya en marzo el invierno ha sido bastante insistente, por ponerlo de alguna manera, no voy a negarlo me he sentido solo, la nieve, la lluvia y la baja temperatura no me han permitido hacer muchos amigos. A falta de la posibilidad del exterior, el internet ha sido un buen aliado, y ¿qué quiero decir con esto? Tengo una serie de “amigos gay” por internet, varios de ellos han sido lo bastante amables como para invitarme a salir.

He salido con 3 personas. J1 y J2, tienen el mismo nombre, el primero me invitó a un bar gay. Hablamos un poco, parece que no fui lo que él esperaba, no hicimos migas. Aún así le agradezco el hecho de invitarme a salir y platicar un rato. J2 es bastante llevadero, un hombre de unos 40 años, pero se comporta como de 20, le tengo mucha confianza, lamentablemente él viaja toda la semana y solamente los fines de semana está en la ciudad, sólo hemos salido una vez.

El tercero y la razón de este post se llama C. C es un hombre de 37 años, con doble carrera, no porque sea muy inteligente (que lo es), pero su primer oficio no le gustó así que se decidió por otro totalmente diferente ahora es psicologo terapeuta, llevadero, una voz muy franca y honesta, tiene una habilidad para que la gente sea abierta y confíe en él y eso me asusta, tiene un cuerpo envidiable y una sonrisa hermosa.

Hemos salido tres veces. La primera vez, y la más difícil para mi fue un café, por mi timidez y mi acento en el idioma, la comunicación no fue tan fluida, él ayudó bastante, a pesar de haber tenido momentos incómodos creo que nos la pasamos muy bien. Dos horas después dijo tener una cita para un masaje por lo que me fue a dejar a mi casa, quedamos en salir otra vez.

Una semana después y por mi falta de celular en este país, decidí mandarle un correo para ver como iba todo con su papá (me había comentado que estaba bastante enfermo). Me agradeció preguntara por su padre dijo que todo estaba bien y me invitó a salir otra vez. Ese fin de semana fuimos al mismo bar gay al que fui con J1, le hablé de J1 y qué ya no me hablaba, dijo que J1 era un imbécil por ser tan grosero, hablamos más y con la ayuda del licor la plática fue mucho más fluida, reímos mucho, decidimos visitar otro bar sin tanto ruido para platicar mejor. El juego del flirteo empezó ahí, yo no estaba muy seguro porque soy muy malo para eso, todo fue bastante obvio cuando camino a casa empezó a tomar mi mano, yo acaricié su cuello y su cabello. Pasamos de largo mi casa, fuimos a la suya. Bebimos un poco más. Para no hacer el cuento tan largo, nos besamos toda la noche, apenas y nos quitamos las camisas. Dormimos juntos. Ha sido el mejor rato que me he pasado en mi vida. A excepción de lo siguiente: en un punto de la noche que su boca se encontraba entre mi ombligo y el pantalón, encontró unas marcas que tengo ahí y en otras partes del cuerpo, son cicatrices de varicela que tuve cuando niño pero debido a que mi piel cicatriza muy feo son marcas que se notan. Se asustó, pensó sería herpes o algo por el estilo, le expliqué, lo discutimos un poco ya que nos habiamos preguntado mutuamente sobre nuestro estatus y yo honestamente dije que estaba sano. Me creyó y seguimos disfrutando toda la noche. A la mañana siguiente fue a dejarme a mi casa, yo dejé muy claro que me la había pasado excelente.

Pasé días de angustia pensando que no me llamaría. Me mandó un mail una semana después invitándome a salir de nuevo. Salimos a cenar, toda la noche fue un flirteo más notorio. Caminamos un poco por la zona, y después fuimos a su casa. Todo paso igual pero ahora un poco más intenso, yo me atreví a ir un poco más alla. Le hice sexo oral. Dormimos juntos. A la mañana siguiente las cosas empezaron a ponerse calientes otra vez, ahora parecía que él me haría sexo oral. Y empezó el problema otra vez. Vió dos diminutos puntos blancos en mi pene, marcas que siempre he tenido y por lo tanto no pensé fueran necesario explicar. Se detuvo. Vio mi cara de molestia, dijo que simplemente era precavido, y yo le dije que me molestaba un poco, porque si yo ya había dicho honestamente que estoy sano, esperaba que me creyera. Le dije que temía que pensará que tenía una enfermedad y que no me hablaría más, dijo que no era así. Dejamos pasar el momento, no valía la pena terminar una gran noche con una discusión.

Me fue a dejar a mi casa, en el camino le traté de decir que me la paso muy chido con él y no nada más durante las cosas que hacemos en su casa, sino que disfruto mucho salir y platicar, conocerlo. Digo que traté de decirle porque parece que no me expresé correctamente en su idioma y lo que él entendió fue que le decía “nos la hemos pasado muy bien” en forma de despedida, me mostró su cara de preocupación, ¿Te estás despidiendo? No, no claro que no. Se estacionó. Nos despedimos rápido porque tenía que estar en la iglesia. Finalmente le dije que me llamara después.

C me trae loco, pero sufro por las siguientes razones. 1. Es la primera vez que una persona tan atractiva tanto en personalidad y físico que me gusta se fija en mi (él jura que le parezco muy atractivo) entonces tengo esa neurosis constante de que yo deje de gustarle. 2. El hecho de que sea psicologo me hace pensar que siempre me está analizando y me da miedo que se de cuenta lo embobado que me trae. 3. Su paranoia por las enfermedades, lo entiendo, y me demuestra que es una persona responsable, no lo culpo por detenerse conmigo si apenas nos conocemos tampoco es mi culpa haber estado enfermo y tener unas marcas que siempre han estado ahi, pero lo que me molesta un poco es que yo fui totalmente honesto cuando dije que estoy completamente sano. Y me duele esa mirada que me dio dos veces como diciéndome “estás enfermo, y eres un mentiroso”. Yo sé que me la debo de tomar tranquilo que simplemente estamos saliendo pero molesta el hecho de que no confíe en mi, y yo le he dicho que extrañamente yo confío plenamente en él.

No sé que pensar…

Opiniones?

Pude haber dicho la verdad pero no…

Soy l’esprit de l’escalier.

 No puedo escribir nada, perdón.

Le dije, perdóname lo siento, pero no era así.

La vida en si misma, te desarma.

¿Palabras de odio? Es decir ¿Cuál es su uso?

Si al menos tuvieran cosas interesantes que decir.

Escribí. Escribí una carta, aún la tengo, ha estado en el bolsillo de mi saco todo un año. Hoy la enviaré. Es para mi papá.

Bueno, él no es del tipo de los que hablan mucho por teléfono.

¿Cuál es tu memoria más lejana?

El recuerdo más viejo.

 

H.

Vanilla Sky.

Marzo 10, 2008

- It was Sophia who was never really recovered, it was she who somehow knew you best, like you, she never forgot that, that night when true love seemed possible. Consequences, David. These little things.

- Those little things. There’s nothing bigger than that, isn’t it?

Mientras se escucha de fondo la canción de Spiritualized que dice: “Wise men say, Only fools rush in, Only fools rush in, But i, I can’t help, I can’t help falling, Falling in love with you.”

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Paseo por las calles que revientan, porque las cañerías ya no dan más, por edificios que hay que esquivar, por si se nos vienen encima, por entre oscos rostros que nos escrutan y sentencian, por entre establecimientos cerrados, mercados cerrados, cines cerrados, parques cerrados, cafeterías cerradas, exhibiendo a veces carteles, justificaciones ya polvorientas, “cerrado por reformas”, “cerrado por reparación”, ¿qué tipo de reparación?, ¿Cuando termina dicha reparación, dicha reforma? Cerrado, cerrado, cerrado, todo cerrado. Llego y abro los inumerables candados, subo improvisadas escaleras. Ahí está ella aguardándome, la descubro, retiro la lona y contemplo sus polvorientas y oscuras dimensiones. Le quito el polvo con pasarle la mano. Con pequeñas palmadas limpio su lomo, su base, sus costados. Me siento desesperado, feliz a su lado. Frente a ella paso los dedos por su teclado y rápidamente todo se pone en marcha. El ta-ta el tintineo, la música comienza poco a poco, ya más rápido. Ahora a toda velocidad. Paredes, calles, catedrales, rostros y playas. Celdas, mini-celdas y grandes celdas. Noche estrellada, pies desnudos, pinares. Centenares, miles, un millón de cotorras. Taburetes y una enredadera. Todo acude, todo llega, todo viene. Los muros se ensanchan, el techo desaparece y naturalmente flotas. Flotas, flotas arrancado, arrastrado, elevado, llevado, transportado, eternizado, salvado y por esa minúscula y constante cadencia. Por esa música, por ese ta-ta y ese santo.

Me volví ligeramente sobre la silla: justo frente a mi había una ventana, pero en ella no había nadie. Esa vieja bruja de Ester me había engañado!

Eso me estaba diciendo cuando de repente los postigos cubiertos de hielo se abrieron con un estallido y allí después de doce años la hermosa cara de mi bella amada enmarcada por la ventana que relucía a la luz del sol y entre ramas nevadas. ¿Me miraban esos ojos negros a mí o a una vida más allá de mí? No pude saber si estaba triste, si sonreía o si sonreía con tristeza. Estúpido caballo, no vayas al ritmo de mi corazón, frena! A pesar de todo, me giré intrépidamente en la silla y la miré con nostalgia hasta el final, hasta que su cara misteriosa, elegante y delicada desapareció entre las ramas blancas.

*

Y yo creo lo siguiente: a veces digo algo y mientras lo estoy diciendo comprendo que es lo que pienso, pero justo cuando acabo de comprenderlo, ya estoy absolutamente convencido de lo contrario.

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You know that song ‘If a body catch a body comin’ through the rye’? I’d like — “
“It’s ‘If a body meet a body coming through the rye’!” old Phoebe said. “It’s a poem. By Robert Burns.”
“I know it’s a poem by Robert Burns.”
She was right, though. It is “If a body meet a body coming through the rye.” I didn’t know it then, though.
“I thought it was ‘If a body catch a body,’” I said. “Anyway, I keep picturing all these little kids playing some game in this big field of rye and all. Thousands of little kids, and nobody’s around — nobody big, I mean — except me. And I’m standing on the edge of some crazy cliff. What I have to do, I have to catch everybody if they start to go over the cliff — I mean if they’re running and they don’t look where they’re going I have to come out from somewhere and catch them. That’s all I’d do all day. I’d just be the catcher in the rye and all. I know it’s crazy, but that’s the only thing I’d really like to be. I know it’s crazy.”

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“Éstas son las últimas cosas –escribía ella–. Desaparecen una a una y no vuelven nunca más. Puedo hablarte de las que yo he visto, de las que ya no existen; pero dudo que haya tiempo para ello. Ahora todo ocurre tan rápidamente que no puedo seguir el ritmo.No espero que me entiendas. Tú no has visto nada de esto y, aunque lo intentaras, jamás podrías imaginártelo. Éstas son las últimas cosas. Una casa está aquí un día y al día siguiente desaparece. Una calle, por la que uno caminaba ayer, hoy ya no está aquí.”

Paul Auster

La prosa de Auster no puede venir de otro lado que no sea Hollywood, la agilidad de la evocación de los ambientes, y esa facilidad de crearnos imagenes totalmente definidas, nos hace creer que Auster está escribiendo un boceto para guión de cine, quizá me atrevo a concluir esto a sabiendas de que Auster es director y guionista, pero tengo muy fijas en la mente la fisonomía de los protagonistas, la utilería que se utilizaría en la ciudad, vaya! hasta parece que Auster nos dicta los movimientos de cámara. Y lo más sorprendente de todo es que esto lo logra con apenas un libro de bolsillo.

Su mayor punto a favor es la creatividad, sustento de su obra. La premisa de un mundo apocalíptico, paralelo y espejo del nuestro, no es novedad (Fahrenheit 451), pero las pequeñas y finas costuras de los personajes, los detalles de la ciudad, los efectos de la destrucción, el cuidado creativo de esos detalles es lo que valoriza la obra.

Pero aquel que busque un libro que una de sus virtudes sea la prosa, no creo que este sea el correcto, y no hay que irse con la finta del párrafo abridor del libro (como me paso a mi) el cual sinceramente es inspirador, pero el idioma de Auster es más llevadero, sencillo, es más como un testigo mudo sin mayor conocimiento ni habilidad de palabra que nosotros, que va relatando lo que ve. Lamento decir que tampoco tiene un fuerte en la filosofía, carga dramática etc, las historias que se presentan son la opción más o menos obvia que tendríamos de querer escribir un reflejo extrapolado de nuestra sociedad de hoy en día (mujer de voluntad férrea que poco a poco pierde la esperanza, la pobre alma protectora que tendrá un final trágico, el amor en esos tiempos malditos que lo encontramos en quien menos creíamos), y la obviedad de estas situaciones no es disimulada por la sencillez de la narración.

Aún así, concuerdo con los críticos citados en el libro, Auster siendo uno de los mejores exponentes de la literatura norteamericana contemporanea, nos ofrece un vistazo a un infierno versión siglo XXI, y nos demuestra no nos falta mucho trecho.

Saludos

H.

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Sobre el miedo.

Enero 20, 2008

Ayer llamé a la Clínica cercana a mi casa, me contestaron en el conmutador, – Clínica X, Buenas Tardes -, – me comunica al departamento de laboratorios por favor, ahí me pueden dar informes sobre los tiempos y costos de los examenes ¿verdad? -, no le iba a decir a esa desconocida de voz melosa pero aburrida que preguntaría sobre la prueba del VIH, quería saber que tan pronta y que tan cara era. – Si claro, ahí le pueden informar. Le comunico. -, empecé a escuchar la cancioncita de espera.

Yo, en un rincón de la oficina con las luces apagadas a pesar de que el día nublado me indicaba que había que iluminar todo el cuarto, siempre he sido de esas personas que demuestra en el exterior lo que siente o piensa dentro de si mismo sin darse cuenta, estaba yo totalmente encorvado sobre mi escritorio, casi abrazando la mesa, como el perro que se cubre y protege cuando espera un golpe, agazapado en la esquina más lejana de todas las cosas, a un lado de la resolana que entraba por la ventana. Me sentía solo y castigado. La canción de espera seguía, ya llevaba un minuto y no tomaron la llamada, la quise interpretar como una señal, colgué. Sentía alivio de no saber más nada de la prueba, al colgar todo se desvanecía, era como si el pensamiento nunca me hubiera asaltado, si la duda no existiera, eso es mejor que enfrentar las cosas, es la pequeña y falsa zona segura, negar todo. Me sentía solo.

Tengo 24 años, y he sido sexualmente activo los últimos cinco. La primera persona con la que experimenté fue mi compañero sexual por varios meses, con él probé basicamente todo, nunca nos acercamos de otra forma que no fuera esa, digamos que en otras circunstancias no hubieramos sido amigos, nos separamos cuando supe que él tenía otros compañeros sexuales y de ahí en adelante sólo he tenido encuentros casuales, siempre había tratado de no llegar al punto de la penetración, era mi manera de mantenerme a salvo, pero eventualmente sucedió, más veces de las que yo pudiera contar. He tenido cuatro encuentros sexuales sin protección en los que he participado como activo y de alto riesgo. Sobra decir e imagino que se infiere que nunca he tenido una relación sentimental.

He buscado y leído información en la red sobre la prevención, estadísticas y probabilidad del contagio, cada vez busco ideas y datos reconfortantes y descartar así el hacerme la prueba, como que el activo tiene menos chance de contraer el VIH, que el que consume drogas está más expuesto al contagio por su enajenación en el momento del contacto, que el condón es 99% seguro, que el sexo oral es casi descartado como vía de contagio del virus, buscaba testimonios de seropositivos que se alejaran totalmente de mi, que ellos no fueran lo que yo, que no vivan donde yo, infantilmente me trato de erradicar de todo, pero al fin y al cabo toda la información resume que el examen es la única manera de descartar la el virus.

Todas las páginas de centros de salud, periódicos, centros de ayuda, blogs, dicen eso, hacerse la prueba, “supera el miedo, ten valor y házte la prueba”, suena tan fácil, pararse un día en un laboratorio, una muestra de sangre y en 20 minutos o un día, ahí está tu hojita de papel con una sola palabra importante: Positivo o negativo. No le reclamo a nadie ni reprocho nada, yo soy responsable de mis actos, lo sé, pero ¿Cómo manejar la sensación en el estómago cuando te paras en el hospital y con toda la pena del mundo pensando que todos te observarán cuando pidas una prueba para VIH?, ¿Cómo no interpretar la mirada de la enfermera como acusadora?, ¿Quién me asegura que no pensaré en mi padre, en mi madre, en mi hermano, en mi abuela, gota a gota cuando se va llenando el tubo con mi sangre?, ¿Podré ingeniarmelas para mantenerme en una pieza mientras transcurre el día?, ¿Cómo abrir el sobre al recibirlo, leerlo a la salida del hospital o mejor guardarlo en algún cajón y leerlo un día de estos, o romperlo?

Quisiera defenderme ante el juicio de quien lee, pero lo único en que puedo pensar son las cosas que me faltan por hacer, decirle a mi familia quien soy y ayudarlos a aceptarlo, algún día pagarme un viaje a Europa, comprarle un auto lujoso a mi padre, darle una casa a mi madre, que mi hermano me regañe porque consiento mucho a sus hijos, hacer profesionalmente todo lo que mi capacidad me deje hacer, poder vivir holgadamente, escribir el libro que siempre he querido aunque nadie lo lea, que me rompan el corazón, enamorarme de alguien, y él este enamorado de mi, vivir con él, pelearme con él, dormir con él. En cierta manera creo que la sociedad, y más esta sociedad latinoamericana es la que nos condena y nos ha dado la soga para que nosotros mismos subamos al patíbulo y nos dispongamos a la muerte.

Es mejor saber ahora y no después, yo lo sé, que la calidad y duración de vida aumenta con la detección temprana, que el VIH ya no es enfermedad mortal sino crónica, yo lo sé, también sé que hago mal. Pero es el miedo, el maldito miedo y no sólo a la muerte sino a todo lo que el virus y la enfermedad conlleva. La condena, la discriminación, la merma de la salud, las cargas retrovirales, enfermedades oportunistas, la vergüenza que haré pasar a mi familia, la pena a mi madre, la ignorancia de la gente etc etc. Es el miedo a saber que yo mismo fui el que me quitó el derecho a hacer lo que quiero de mi vida.

Por todo esto prefiero tontamente la duda, al menos por ahora.

Lo acepto, además de tener mucho miedo… me siento solo.

Saludos

H.