…Lo tengo escrito en una hoja junto a mi cama, seguramente la premonición del olvido me hizo escribirlo todo. Así fue, lo olvidé pero esto fue lo que leí: Estábamos en tu coche. Deseaba que lloviera y ver las gotas sobre el vidrio bajando una a una. Te dije que los suburbios americanos me parecían dolorosamente solitarios. No me volteaste a ver, sonreíste levemente. – Dolorosamente solitarios, sé de lo que hablas. – dijiste. ¿Por qué sonreíste? Era acaso que te dabas cuenta del delgado hilo del destino que recorrió kilómetros o millas (según quien lo pensara, tú o yo) y que esperó años para jalarnos y arrastrarnos a ese momento, a ese lugar en el que los dos nos sabíamos tan cerca pero también teníamos la certeza de la imposibilidad. O acaso sonreías porque creías gracioso que ese niño sentado en tu coche hablara con tal seguridad de algo de lo que tú sabías de tantos años. La soledad. Miraba como las copas de los arboles se movían en vaivén por el viento nocturno. Después de esa noche nunca te volví a ver. Un rayo iluminó el cielo. La lluvia se acercaba y tú estabas junto a mí.

storm

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