Nunca conocí a David fuera de mi cuarto. Entonces, era suficiente. Estaba acostado sobre él, mi cabeza en su pecho. Me decía algo sobre juntas, cortes y abogados. Siempre que estaba por irse comenzaba a hablar de lo que tenía que hacer esa tarde. Su pecho moviéndose arriba y abajo con su respiración, yo contaba sus vellos. Muy débil o acaso porque trataba de ignorarlos, oía sus latidos. Cuando uno empieza a contar los latidos del otro, es señal de que las cosas no terminarán bien.

En la pared al lado de la ventana, está el cuadro en blanco y negro de un bote en medio de un río solitario. Un rayo de luz pasa a un lado del bote iluminando el fondo del río. El instante se ha ido. El reflejo de un coche que ha pasado, pensé. Es apenas ahora que noto que nadie está en el bote.

– ¡Ahí está!, -¿Qué?, -Siempre que te hablo terminas por desviar la mirada. No respondí. No es propio de quien sólo tiene sexo casual de decirle a este abogado que podré estar desnudo con él, pero que no puedo verlo a los ojos por aquello de sentirme vulnerable. -Te reto a verme a los ojos por más de 5 segundos. Lo miré a los ojos. Entendió que hice lo que me pidió que no hiciera. Entendió aquello de sentirme vulnerable porque lo quiero. – Son veinte años. Eso es lo que tú no entiendes. No podrías ahora, pero espero que algún día comprendas y no hagas lo que yo. Esto. Es ahora él quien ve al cuadro. Piensa, se siente culpable. Y tenemos sexo. A pesar de todo no queremos sentirnos así, culpables. Te das cuenta David? siempre es el tiempo. Es el tiempo quien nos detiene. Tus veinte años con alguien más, las dos horas que podemos estar juntos, el medio segundo del reflejo de luz en el bote triste, los quince años de diferencia.

David toma su saco y checa sus bolsillos para no olvidar nada. Me da un beso de despedida que se siente extraño. Es la sensación tibia y cómoda que cuando se articula es un “justo aquí y ahora, te quiero” pero que sabes que no puedes tener porque es malo tenerla. Entonces los dos nos preocupamos, él más que yo. Algunas veces, cosas como estas pasan. Cerré la puerta, giré el seguro. Mientras en mi cuarto las sábanas revueltas y el bote en el río.

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