… he elegido en todo momento mi propio destino, que no es otro que morir aquí, en este jardín petrificado tras las cancelas y las puertas cerradas a cal y canto, cerca de los huesos de mi padre, en un espacio en el que resuenan los ecos de los himnos que podría haber escrito, pero que no escribí por creer que eran demasiado fáciles.

J.M. Coetzee

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Slow Man

enero 28, 2009

The blow catches him from the right, sharp and surprising and painful, like a bolt of electricity, lifting him up off the bicycle. Relax! he tells himself as he flies through the air (flies through the air with the greatest of ease!), and indeed he can feel his limbs go obediently slack. Like a cat he tells himself: roll, then string to you feet, ready for what comes next. The unusual word limber or limbre is on the horizon too.

He lies streched out, at peace. It is a glorious morning. The sun’s touch is kind. There are worse things than letting oneself go slack, waiting for one’s strenght to return. In fact there might be worse things than having a quick nap. He closes his eyes; the world beneath him, rotates; he goes absent.

“Slow Man” J.M. Coetzee. Fragmento.

Heaven

enero 20, 2009

Phillipa: Where do we go?
Phillipo: I’d like you to take me to the place where you grew up
Phillipa: I don’t even know your name
Phillipo: Phillipo
Phillipa: When where you born?
Phillipo: May 23rd 1978
Phillipa: say that again
Phillipo: May 23rd 1978
Phillipa: at what time?, do you know?
Phillipo: in the morning, at 8 o’clock
Phillipa: I know exactly what I was doing on May 23rd 1978, it’s my birthday I was having my first holly communion. I was dressed up like a bride, white dress and a veil my mother had made me. When she put me the dress on and covered my face with the veil, she burst into tears. I don’t know why.

[both seeing Montelpuciano]

Phillipa: It’s like nothing have ever happened

Meet me in Montauk

enero 3, 2009

montauk

Joel: I really should go! I’ve gotta catch my ride.
Clementine: So go.
J: I did. I thought maybe you were a nut… but you were exciting.
C: I wish you had stayed.
J: I wish I had stayed to. NOW I wish I had stayed. I wish I had done a lot of things. I wish I had… I wish I had stayed. I do.
C: Well I came back downstairs and you were gone!
J: I walked out, I walked out the door!
C: Why?
J: I don’t know. I felt like I was a scared little kid, I was like… it was above my head, I don’t know.
C: You were scared?
J: Yeah. I thought you knew that about me. I ran back to the bonfire, trying to outrun my humiliation.
C: Was it something I said?
J: Yeah, you said “so go.” With such disdain, you know?
C: Oh, I’m sorry.
J: It’s okay.
C: Joely? What if you stayed this time?
J: I walked out the door. There’s no memory left.
C: Come back and make up a good-bye at least. Let’s pretend we had one.
C: Bye Joel.
J: I love you…
C: Meet me… in Montauk…

A pesar del sabor de boca agridulce que me dejó “Mientras Inglaterra Duerme” decidí leer otro libro de David Leavitt, no puedo negar que su prosa es talentosa y de ritmo ágil además de algo elegante.

El cambio de ambiente es drámatico, ahora la historia se desarrolla en el Nueva York ochentero, durante toda la paranoia ante la nueva enfermedad de los homosexuales, el Sida, el mundo empezaba a aprender lo que era el virus, y una nueva forma de discrminación ante la comunidad se gestaba. Es de agradecer que Leavitt apenas y toca el tema, y no propone una historia más alrededor de la epidemia.

La novela nos presenta la premisa principal desde un principio, la primera vez que Owen entró a un cine porno gay y deseó estar con uno de aquellos que se proyectaban en la pantalla o con alguno de los cuerpos anónimos que se encontraban cerca de él, optó por masturbarse. Una vez que todo había pasado encontró su penitencia y solución al salir corriendo del teatro, dirigirse sin demora a su casa y tener un sexo mecánico y casi violento con su esposa Rose. “Sálvame Rose”, y la ingenua mujer sin entender sólo atinaba a decirle “aquí estoy, aquí estoy, nunca me voy a ir”, cada uno extrapolaba sus propias necesidades a las necesidades del otro.

La extraña relación de Phillip con su madre empieza a tomar tintes de recelo, vergüenza y arrepentimiento desde los años de Roma, y se viene desarrollándose a lo largo de todo el libro, que toma su punto culminante durante la cena en casa de los padres, donde Phillip confronta a su madre por su poca empatía a su situación y ella sin más le afirma su repulsión al tema.

La historia es algo risible en inicio, un padre y un hijo, ¿los dos homosexuales?, increíble pero posible al fin y al cabo, y así sucede con Phillip el hijo y Owen el padre.

Phillip se enamora perdidamente de Elliot un pseudo-hippie mezclado con snob que termina demostrando su carácter narcisista, esta relación es clara muestra de esas primeras relaciones fallidas por la que el hombre homosexual de hoy tiene que pasar (al menos la mayoría), por el hecho de que no aprende el arte de las citas y el flirteo a la misma temprana edad que todos los demás, Elliot es la contra parte de la especie gay que Phillip representa, es el alma libre y autoaceptado sin problemas que no puede echar raices porque su carácter no se lo permite. Eventualmente Phillip conocerá otro tipo de relación no tan pasional ni sentimental pero más duradera y segura.

Rose es el personaje más complejo de toda la trama, y es uno de los mejores logros de este libro, Leavitt logra darle los matices que hacen que no la hacen caer en el típico papel de la mujer víctima abnegada que todo lo aguanta.

El libro cierra como se esperaría, sabemos que algo pasará, que llegamos a un punto sin retorno en el de por si ya lastimado balance de las vidas de los tres personajes, Owen toma el papel de niño desprotegido que llora sin parar, Rose aprenderá a ser la nueva villana del cuento con todo su resentimiento guardado y tiene todo el derecho a ello y Phillip es ahora la persona madura, el que guiará tanto a su padre como a su madre en esta nueva étapa de sus vidas. Desafortunadamente, el autor nos da a entender que empieza a tomar el impulso para el cierre de la historia, pero desacelera poco a poco mientras nos acercamos a la última página, donde simplemente nos deja sin nada; esto no es de sorprender, porque la situación puede tener muchas aristas, muchas versiones, es imposible (al menos para mi) imaginar un final definitivo y lógico para este cuento.

Uno de los criterios para considerar a un libro como un buen libro es la sensación que te deja inmediatamente después de leer la última frase, si es un buen libro uno sigue con la inercia de la historia en la mente, con este libro me desconecte después del punto final, por lo que creo (y perdón por el juicio de valor tan infantil) que este libro no es tan bueno, porque a pesar de sus intentos falla en hacernos creer que esta historia realmente puede pasar.