[Llamada telefónica entre dos amantes homosexuales que se reencuentran después de un año sin verse]

Luis Sebastián, me dijo, tengo algo muy importante que contarte. Ya me lo dirás cuando llegues, dije yo. Es algo que quería contarte hace tiempo, dijo. Su voz sonó inusualmente desamparada. En ese momento comencé a sospechar que algo pasaba, que Piel Divina no me había llamado sólo porque quisiera verme o porque necesitara que le prestara dinero. ¿Qué pasa?, dije, ¿Qué ocurre? Sentí cómo la última moneda entraba en la panza del teléfono público, un ruido de hojas, de viento levantando hojas secas, un ruido como de cables enredándose y desenrédandose y después deshaciendose en la nada. Miseria poética.

Poema Sion

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Hermosa es la puta de Closingtown, hermosa. Negros son los cabellos de la puta de Closingtown, negros. Hay decenas de libros en su habitación, en el primer piso del saloon, que lee mientras espera, historias con un principio y un final, si se lo pides, te las contará. Joven es la puta de Closingtown, joven. Al tenerte entre sus piernas te susurra: amor mío. Decía Shatzy que costaba como cuatro cervezas. Sed de ella en los pantalones de toda la ciudad.

Ateniéndonos a los hechos, ella fue hasta allí para ser maestra. Habían convertido la escuela en un almacén, desde que se marchara la señorita McGuy. Y, en un momento dado, llegó ella. Lo arregló todo y los chiquillos empezaron a comprar libretas, lápices y todo lo demás. Según Shatzy, sabía lo que se hacía, y utilizaba libros comprensibles. Incluso hasta los muchachos mayores le encontraron el gusto, iban cuando podían, la maestra era hermosa, y al final conseguían leer las frases escritas bajo los rostros de los bandidos, los que colgaban en la oficina del sheriff Se trataba de chicos que ya eran hombres. Ella cometió el error de quedarse, a solas, con uno de ellos en la escuela vacía, una tarde cualquiera. Se abrazó a él, e hicieron el amor con todas las ganas del mundo. Después, cuando aquel asunto dio en saberse, los hombres habrían hecho oídos sordos, pero las mujeres dijeron que era una puta, y no una maestra.
En efecto, dijo ella.

Cerró la escuela y empezó a trabajar al otro lado de la calle, en una habitación del primer piso del saloon. Sutiles son las manos de la puta de Closingtown, sutiles. Se llamaba Fanny. Todos la querían, pero sólo uno la amaba, y era Pat Cobhan. Se quedaba abajo, bebía cervezas, y esperaba. Cuando había terminado, ella bajaba.
Hola, Fanny.
Hola.
Iban arriba y abajo, desde el principio hasta el final de la ciudad, agarrados, en la oscuridad, y hablando de aquel viento que nunca cesaba.
Buenas noches, Fannv.
Buenas noches.

Pat Cobhan tenía diecisiete años. Verdes eran los ojos de la puta de Closingtown, verdes. Si quieres entender su historia —decía Shatzy— tienes que saber cuántos disparos tenía en aquel tiempo un revólver. Seis. Ella decía que era un número perfecto. Piénsalo. Y haz sonar ese ritmo. Seis disparos, uno dos tres cuatro cinco seis. Perfecto. ¿No oyes el silencio, después? Ése sí que es un silencio. Uno dos tres cuatro. Cinco seis. Silencio. Es como una respiración. Cada seis disparos es una respiración. Puedes respirar rápidamente, o lentamente, pero cada respiración es perfecta. Uno dos tres cuatro cinco. Seis. Respira el silencio, ahora.
¿Cuántos disparos tenía un revólver?
Seis.
Y entonces te contaba aquella historia.

Pat Cobhan ríe por lo bajo, con espuma de cerveza en la barba y olor a caballo en las manos. Hay un violinista que toca y que tiene un perro amaestrado. La gente le tira una moneda, el perro va a recogerla y luego vuelve hacia su amo, caminando sobre las patas traseras, y le mete la moneda en el bolsillo. El violinista está ciego. Pat Cobhan ríe.

Fanny trabaja, en el piso de arriba, con el hijo del pastor entre sus piernas. Amor mío. El hijo del pastor se llama Young. Se ha dejado la camisa puesta y tiene el pelo negro bañado en sudor. Algo parecido al terror, en sus ojos. Fanny le dice Fóllame, Young, pero él se pone rígido y se escapa de las piernas abiertas —medias blancas con fino encaje hasta encima de las rodillas, y luego nada más. El no sabe adónde mirar. Le coge una mano y se la frota sobre su sexo. Sí, Young, dice ella. Lo acaricia, Eres guapo, Young, le dice. Se lame la palma de la mano, mirándolo a los ojos, y luego vuelve a acariciarlo, rozándolo apenas. Venga, dice Young. Venga. Ella aprieta en la palma de la mano su sexo. Él cierra los ojos y piensa No debo pensar. En nada. Ella se mira su mano, y después el sudor sobre el rostro de Young, sobre el pecho, y después su propia mano deslizándose sobre su sexo. Me gusta tu polla, Young, quiero tu polla. Él está de lado, apoyado sobre un brazo. El brazo tiembla. Ven, Young, dice ella. Él tiene los ojos cerrados. Ven. Él se vuelve por encima de ella, y arremete entre las piernas abiertas. Así, Young, así, dice ella. Él abre los ojos. En los ojos, algo parecido al terror. Hace una nueva mueca, y se sale. Espera, Young, dice ella, cogiéndole la cabeza entre las manos y besándolo. Espera, dice él. Pat Cobhan ríe, en el piso de abajo, y echa una ojeada al reloj de péndulo, tras la barra. Pide otra cerveza y juega con una moneda de plata, intentando mantenerla en equilibrio sobre el borde del vaso vacío.

¿Quieres casarte conmigo, Fanny?
No digas tonterías, Pat.
Lo digo en serio.
Para ya.
¿Yo te gusto, Fanny?
Sí.
Tú me gustas, Fanny.
La moneda cae dentro del vaso, Pat Cobhan le da la vuelta al vaso, cae la moneda, sobre la madera de la barra, y gotea un resto de cerveza, líquido y espuma. Coge la moneda y la seca en sus pantalones. La mira. Le entran ganas de olerla. La deja de nuevo sobre el borde del vaso. Echa una ojeada al reloj de péndulo. Piensa: Young, hijo de puta, ¿quieres acabar de una vez? Dulce es el perfume de la puta de Closingtown, dulce.

Alessandro Baricco.

Meet me in Montauk

enero 3, 2009

montauk

Joel: I really should go! I’ve gotta catch my ride.
Clementine: So go.
J: I did. I thought maybe you were a nut… but you were exciting.
C: I wish you had stayed.
J: I wish I had stayed to. NOW I wish I had stayed. I wish I had done a lot of things. I wish I had… I wish I had stayed. I do.
C: Well I came back downstairs and you were gone!
J: I walked out, I walked out the door!
C: Why?
J: I don’t know. I felt like I was a scared little kid, I was like… it was above my head, I don’t know.
C: You were scared?
J: Yeah. I thought you knew that about me. I ran back to the bonfire, trying to outrun my humiliation.
C: Was it something I said?
J: Yeah, you said “so go.” With such disdain, you know?
C: Oh, I’m sorry.
J: It’s okay.
C: Joely? What if you stayed this time?
J: I walked out the door. There’s no memory left.
C: Come back and make up a good-bye at least. Let’s pretend we had one.
C: Bye Joel.
J: I love you…
C: Meet me… in Montauk…

Philadelphia -Neil Young

septiembre 2, 2008


Philadelphia from the Ben Franklin Bridge

Cargado originalmente por PhillyPenn

“Don’t turn your back on me
I don’t want to be alone
Love lasts forever.

Someone is talking to me,
Calling my name
Tell me I’m not to blame
I won’t be ashamed of love…”

Vanilla Sky.

marzo 10, 2008

– It was Sophia who was never really recovered, it was she who somehow knew you best, like you, she never forgot that, that night when true love seemed possible. Consequences, David. These little things.

– Those little things. There’s nothing bigger than that, isn’t it?

Mientras se escucha de fondo la canción de Spiritualized que dice: “Wise men say, Only fools rush in, Only fools rush in, But i, I can’t help, I can’t help falling, Falling in love with you.”

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Dear Leonard.

noviembre 3, 2007

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Dear Leonard. To look life in the face, always, to look life in the face and to know it for what it is. At last to know it, to love it for what it is, and then, to put it away. Leonard, always the years between us, always the years. Always the love. Always the hours.

Lunes, 12 de agosto.

Ayer de tarde estábamos sentados junto a la mesa. No hacíamos nada, ni siquiera hablábamos. Yo tenía apoyada mi mano sobre un cenicero sin ceniza. Estábamos tristes: eso era lo que estábamos, tristes. Pero era una tristeza dulce, casi una paz. Ella me estaba mirando y de pronto movió los labios para decir dos palabras. Dijo ‘te quiero’. Entonces me di cuenta que era la primera vez que me lo decía, más aún que era la primera vez que lo decía a alguien. Isabel me lo hubiera repetido veinte veces por noche. Para Isabel, repetirlo era como otro beso, era un simple resorte del juego amoroso. Avellaneda en cambio, lo había dicho una vez, la necesaria. Quizá ya no precise decirlo más, porque no es un juego: es una esencia. Entonces sentí una tremenda opresión en el pecho, una opresión en la que no parecía estar afectado ningún organo físico, pero era casi asfixiante, insoportable. Ahí en el pecho, cerca de la garganta, ahí debe estar el alma, hecha un ovillo. ‘Hasta ahora no te lo había dicho’ , murmuró, ‘no porque no te quisiera, sino porque ignoraba porque te quería. Ahora lo sé’. Pude respirar, me pareció que la bocanada de aire llegaba desde mi estómago. Siempre puedo respirar cuando alguien explica las cosas. El deleite frente al misterio, el goce frente a lo inesperado, son sensaciones que a veces mis módicas fuerzas no soportan. Menos mal que alguien explica siempre las cosas. ‘Ahora lo se. No te quiero por tu cara, ni por tus años, ni por tus palabras, ni por tus intenciones. Te quiero porque estás hecho de buena madera’. Nadie me había dedicado jamás un juicio tan conmovedor, tan sencillo, tan vivificante. Quiero creer que es cierto, quiero creer que estoy hecho de buena madera. Quizá ese momento haya sido excepcional, pero de todos modos me sentí vivir. Esa opresión en el pecho significa vivir.

“La tregua” Fragmento.

Mario Benedetti

Life without me.

junio 25, 2007

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Lee: Ann, there’s something I have to tell you and I have to tell you now.
Ann: Lee, I’m…
Lee: I love you! I’m in love with you… And the world seems less terrible because you exist! I feel like I wanna be with you for the rest of my life… And all that, the palpitations, and the nerves… the pain, the happiness, and the fear! I wanna… I wanna touch you all the times! I wanna take care of you and your girls! And even find your husband a decent job! And get you a house that doesn’t have wheels and…
Ann: Careful… That sounds like a classic case of falling in love.
Lee: I am in love… I’m classically in love!
%%% Mark Ruffalo, I so fuckin’ love you %%%