“Éstas son las últimas cosas –escribía ella–. Desaparecen una a una y no vuelven nunca más. Puedo hablarte de las que yo he visto, de las que ya no existen; pero dudo que haya tiempo para ello. Ahora todo ocurre tan rápidamente que no puedo seguir el ritmo.No espero que me entiendas. Tú no has visto nada de esto y, aunque lo intentaras, jamás podrías imaginártelo. Éstas son las últimas cosas. Una casa está aquí un día y al día siguiente desaparece. Una calle, por la que uno caminaba ayer, hoy ya no está aquí.”

Paul Auster

La prosa de Auster no puede venir de otro lado que no sea Hollywood, la agilidad de la evocación de los ambientes, y esa facilidad de crearnos imagenes totalmente definidas, nos hace creer que Auster está escribiendo un boceto para guión de cine, quizá me atrevo a concluir esto a sabiendas de que Auster es director y guionista, pero tengo muy fijas en la mente la fisonomía de los protagonistas, la utilería que se utilizaría en la ciudad, vaya! hasta parece que Auster nos dicta los movimientos de cámara. Y lo más sorprendente de todo es que esto lo logra con apenas un libro de bolsillo.

Su mayor punto a favor es la creatividad, sustento de su obra. La premisa de un mundo apocalíptico, paralelo y espejo del nuestro, no es novedad (Fahrenheit 451), pero las pequeñas y finas costuras de los personajes, los detalles de la ciudad, los efectos de la destrucción, el cuidado creativo de esos detalles es lo que valoriza la obra.

Pero aquel que busque un libro que una de sus virtudes sea la prosa, no creo que este sea el correcto, y no hay que irse con la finta del párrafo abridor del libro (como me paso a mi) el cual sinceramente es inspirador, pero el idioma de Auster es más llevadero, sencillo, es más como un testigo mudo sin mayor conocimiento ni habilidad de palabra que nosotros, que va relatando lo que ve. Lamento decir que tampoco tiene un fuerte en la filosofía, carga dramática etc, las historias que se presentan son la opción más o menos obvia que tendríamos de querer escribir un reflejo extrapolado de nuestra sociedad de hoy en día (mujer de voluntad férrea que poco a poco pierde la esperanza, la pobre alma protectora que tendrá un final trágico, el amor en esos tiempos malditos que lo encontramos en quien menos creíamos), y la obviedad de estas situaciones no es disimulada por la sencillez de la narración.

Aún así, concuerdo con los críticos citados en el libro, Auster siendo uno de los mejores exponentes de la literatura norteamericana contemporanea, nos ofrece un vistazo a un infierno versión siglo XXI, y nos demuestra no nos falta mucho trecho.

Saludos

H.

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Aclararé algunos puntos antes de hablar sobre esta novela de David Leavitt: carezco de una bibliografía de novelas con temas gay, y no porque no quiera, sino porque en la biblioteca de mi universidad no existe ese apartado en los estantes, así que investigué cual sería un buen exponente de este tema, y en casi todas mis búsquedas este autor resultaba nombrado, decidí comprarme el libro, aún y cuando lo consideré bastante caro para la presentación y la cantidad de material, al fin y al cabo es un libro de importación española porque en México no existe editorial que nos lo ofrezca.

El libro es presentado como un manuscrito que guarda uno de los protagonistas, ya en su época anciana, como único rastro de aquella historia, donde él, Brian, había vivido una especie de relación amorosa con Edward, en la Inglaterra del tiempo de la Guerra Civil Española.

El Brian anciano va desaparaciendo de nuestras mentes a medida que el Brian de 23 años va narrando la historia de manera más pasional y arrebatada, al menos tan arrebatado como un inglés burgués de los años 30 podía ser. La historia deambula entre estratos sociales, y todas esas pequeñas grandes diferencias que conlleva, Edward de 19 años es un obrero de una estación de trenes, falto de educación pero no por eso menos inteligente, se interesa ingenuamente pero honestamente en el incipiente movimiento Brigadista Comunista Inglés que habría de internarse en la Guerra Española, en cambio Brian un escritor padece de bloqueo artistico y vive mantenido por una tía, sin temas que le pongan el cerebro a funcionar, decide asistir a una junta comunista, donde conoce a Edward.

Y en un movimiento que al menos a mi me pareció poco lógico, pasaron del mal sexo, a interesarse uno en el otro y después a compartir un departamento. Edwad ligeramente a la defensiva por la educación y snobismo de Brian, lo acoge en su corazón con los brazos abiertos, le presenta a su triste familia y trata de quererlo, tal como se lo dicta su entendimiento.

Brian es un cobarde, como aquel que no da un paso sin saber que será un paso en firme, descarta una homosexualidad, y la considera una fase de juventud, dejando crecer la relación con Edward, secretamente se hace ilusiones falsas con una mujer, la cual a sabiendas de su orientación y del nulo cariño que le tiene, lo rechaza.

Al parecer, el miedo y el engaño, es el pan nuestro de cada día en las relaciones gay, Brian y Edward no tenían mayor seguridad que la que les daban esas cuatro paredes, la vida juntos fuera de ese cuarto, no existía, aunque Edward sin saberlo y sin proponérselo, había llegado a ilusionarse. El descubrimiento de la mentira es el detonante de la segunda mitad del libro donde Edward se enlista en la Brigada Española y pelea por unas convicciones que no posee, el autor nunca me convence de un Edward comunista, y el aventurarse a una guerra por desamor no es una acción natural de sus personajes, al menos no me lo parece. Brian es un poco más creible, sólo se arriesga a hacer algo hasta que Edward clama su ayuda.

El resto es un ir y venir clásico de guerra, el amante que en busca de recobrar un amor viaja al mismo centro de la barbarie humana, mientras el otro casi moribundo es ya el resultado de los pecados de los hombres, bien contado a secas, aunque la parte donde un tercero les ayuda en una suerte de hada madrina gay, es honestamente increible y tonto para esta historia.

Siempre me han gustado las historias nostálgicas, por lo que el cierre del libro, donde regresamos al Brian viejo, y habla de otra relación más humana y fallida, y recuerda con cariño a Edward y su familia, quienes terminan aborreciéndolo, es por momentos conmovedora, aunque mientras te vas acercando a esas partes, puedes oler lo que viene, Leavitt sabe muy bien su oficio pero no sorprende ni propone.

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Había una vez un país llamado Yugoslavia que era el país de los herederos de los eslavos meridionales, Yugoslavia es un lugar distante, Yugoslavia es una tierra dividida en seis partes, Yugoslavia es una isla que cada vez se aleja y se aisla por ende. Emir Kusturica lo entiende muy bien y hace toda una disertación sobre ello en Underground.

En un arranque de genialidad Kusturica crea una obra en tres actos basados en las distindas guerras sufridas por Yugoslavia, cuenta la historia de dos amigos (Marko y Blacky personajes muy surrealistas) que ante el inminente bombardeo de Belgrado por los alemanes, deciden esconderse en el sotano de una casona y desde ahí ayudar a la insurrección del pueblo construyendo armas. Pero uno de ellos, Marko, fiel a la naturaleza humana, traiciona y explota a todos los demás, haciéndoles creer que la guerra durá 15 años y los mantiene encerrados manufacturando rifles para él y su amante, la ex de Blacky.

La película tiene un tinte relajado en situaciones críticas, es decir tiene un alto desdén por la vida, así que no hay que sorprenderse si escenas de asesinatos son llevados tan a la lígera y de manera humorística, que haya cierta violencia de manera gratuita, porque todo esto es justificado… la película es alucinante, la historia es impresionante como pocas, los actores al principio parecen un poco exagerados pero cuando se da uno cuenta de las intenciones del director, todas las piezas de esta película toman su lugar para guiarnos al último y maravilloso acto de la reconciliación, el cierre y la moraleja.

Quizá uno sienta la necesidad de decir “qué demonios estoy viendo?” en la escena de la flor en el trasero, pero si se tiene un poco de paciencia se pueden observar pinceladas de genialidad artística y de un subfondo filosófico, como la escena del bombardeo al zoológico donde los animales conviven con los humanos todos al mismo nivel, el hombre es una bestia al fin y al cabo; la película grabada en la película, la parodia a uno mismo que dice que la vida y la guerra es un chiste; la constante presencia de la iglesia en la vida del inocente Ivan que no puede evadir su destino con ella, y el mismo Ivan que da la escena más dramática y cruel de todo el ensamble es el encargado de entregar la profunda reflexión final, el hijo que considera la guerra como un juego y va descubriendo al mundo poco a poco, el padre que nunca se cansa de preguntar por su hijo muerto, las carreteras subterraneas en Europa, la novia voladora, la banda sonora que es soberbia, y todo ese trance fílmico que representó la boda y el tanque, vaya! que el número de escenas y elementos memorables es incesante.

Al final, la película se vuelve universal, en ese mar de encuentros y reconciliaciones, todo hombre es una isla, todo país es una isla, es por eso que la película también se llama “Había una vez un país” porque esa historia es la historia de todos los pueblos del mundo, somos islotes que nos alejamos cada vez más y más uno del otro. Finalmente, hay que decir sin tapujos que “Underground: Había una vez un país” es una las pocas obras maestras de la década pasada.

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C.R.A.Z.Y.

junio 22, 2007

Es difícil hablar sobre C.R.A.Z.Y. debido a todos los elementos que se mueven en esta película. Creo que lo más fácil sería decir que es un retrato de una familia franco canadiense en las decadas de los 70’s y 80’s, es dejarlo así simplemente o tendríamos que hablar de los poderes de curación de un niño, Patsy Cline y su canción Crazy, un viaje a Jerusalem, drogas, looks à la Sid Vicious y David Bowie, drogas (again), homosexualidad no asumida, una relación amor odio entre hermanos, y Simpathy for the Devil cantada en una iglesia.

La historia desarrolla la vida de esta familia alrededor de Zac, uno de los hijos más pequeños, que tiene la mala suerte de nacer en la víspera de navidad, odia la navidad por la falta de atención y por los malos regalos de su padre, quien por cierto es su ídolo hasta que este encuentra en Zac una femeneidad latente que trata de corregir, esto se convierte en la sospecha y problema familiar a lo largo de los años, y produce un efecto de vergüenza y odio en el propio Zac que a toda costa pide a Dios no lo haga homosexual.

Por cierto tiempo el “problema” es cubierto ya sea por los esfuerzos de Zac o la disimulada ignorancia del padre, y se crea una relación bastante especial entre ellos, con todo esto, ciertos problemas son pasados por alto en la familia, la situación económica, la drogadicción de Raymond (uno de los hermanos mayores de Zac.)

Como ya he dicho es difícil abordar la trama, pero todo se desarrolla a la par del doloroso proceso de Zac para la autoaceptación, y más tarde la de su padre (que al fin y al cabo viene siendo el protágonista de la historia) mucha gente es lastimada a través de esto, y Zac debe asumir ciertas responsabilidades, más no cargar el peso del mundo sobre él, debe ser simplemente libre, e irónicamente mientras yace en el desierto de Israel su hermano Raymond es su salvador y liberador.

La película crece poco a poco en emotividad sin que el espectador siquiera lo note, hasta que la escena final padre – hijo es conmovedora en la medida exacta (nada exagerada) como para sacar varias lágrimas a cualquiera. Además la razón del título, que se descubre al final es un cierre estupéndo para el filme.

C.R.A.Z.Y. no sólo es una historia “coming-of-age” para Zac sino un profundo entendimiento de una familia tan disfuncional como cualquiera, con historias individuales tan profundas pero normales en cualquier sociedad.

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Little Children

mayo 8, 2007

La vida de los suburbios es la vida tranquila, la que nuestros padres nos enseñaron a desear, donde la gente vive casi dormida, somnolienta, en un sueño lejos de sus deseos y bajo su almohada sus secretos, donde estén seguros que nadie los verá. Pero de vez en cuando, como niños pequeños, hay personas que se atreven a desear y buscar las cosas que realmente quieren o creen querer, rompiendo ese delgado hilo de la armonía para que todo mundo se de cuenta que el suburbio está lejos de ser el lugar para adormecerse y esconderse.

Little Children aborda en cierto modo esa idea, Sarah (Kate Winslet) se ahoga cada vez más, un márido ausente, una vida acomodada, una maestría en literatura inglesa que no le sirve para nada, y una hija pequeña, su vida se ha construído de tal manera, que cada elemento que se le añade, aumenta una carga que duele más y más.

Brad (Patrick Wilson), es el padre jovén más atractivo del barrio, las otras madres fantasean con él mientras lo ven jugar en el parque con su hijo pequeño, ellas imaginan que Brad las seduce con un juego inocente junto a los columpios mientras mecen a sus respectivos hijos, y después de que los niños se han cansado y duermen la siesta, ellos se entregan al sexo sudoroso sobre las lavadoras en el sotano, ninguna de ellas se atrevería a hacerlo, ni siquiera Sarah, hasta que lo hizo, fue algo que no pudo evitar, así como no puede evitar subrayar “my love is a fever” en su libro de poesía, la atracción con él era inminente, y así tuvo que pasar, además Brad recibía la seguridad de su amante que no recibía de Kathie su esposa, Sarah esa pequeña y poco atractiva mujer, no lo mira con ojos de juicio, ella aunque no entiende, comprende que no haya pasado el examen de la barra de abogados por enésima ocasión, “quizá es que no quieres ser abogado”, le dice a Brad en la piscina pública mientras toman el sol junto a sus hijos, ¿es posible?, ¿es acaso posible pensaría Brad, que esto fuera lo que yo quiero?, una vida simple con Sarah, dejar a mi esposa y la fallida abogacía para practicar skateboarding por las noches antes de que se me acabe la juventud?

Ronnie, como en una analogía al futuro de Brad y Sarah, paga las consecuencias de seguir sus impulsos, tiene una incontrolable atracción por los niños, ya fue condenado por exposición malsana a un pequeño, y ahora “regenerado” regresa al seno materno para empezar de nuevo, los vecinos lo ven como un bache oscuro en su barrio limpio y seguro, Ronnie es segregado por todos los padres preocupados por sus hijos, es victima de acosos violentos, pero él los acepta, “nada me haría más feliz que ser normal” y su madre le busca, ingenuamente, una buena mujer.

Los deseos son tan engañosos, pero fébriles mientras duran, el amor adolescente e infiel lleva a Sarah y Brad a los lugares más insospechados, “Kathy merece esto?” se pregunta él pensando en su mujer, aunque Sarah no lo duda con respecto a su esposo, el hombre que sólo es capaz de excitarse con pornografía por internet. Quizá Kathy si merezca esto, Brad se siente apabullado ante su exitosa, hermosa, sexy pero fría esposa, que sólo piensa en compensar a su hijo por no estar con él en los mejores momentos.

Pero ¿qué papel juegan los demás en la vida de estos tres personajes?, la madre de Ronnie que quiere vivir bien estos últimos años, aunque eso signifique ignorar y olvidar la naturaleza de su hijo, el ex policía traumado que busca proteger un vecindario que no se lo pide y que ni siquiera pudo mantener una familia unida, los sonidos constantes del tren que se aproxima, el aislamiento y color gris del lugar, Kathy que ante la sospecha de la infidelidad parece sólo esperar ya cansada a que Brad tomé una decisión, los mismos hijos que ajenos a las situación serán la razón y causa de cualquier rumbo que tomen Ronnie, Sarah y Brad.

Ronnie sucumbe ante el papel que le han asignado, y se cura a sí mismo de la única manera que podría haberlo hecho. “Seré un muchacho bueno mamá”, de paso y de la manera más irónica, se lleva consigo en esta curación al hombre que quería rectificarse destruyendo a Ronnie y toda la suciedad que representa.

Al final la fiebre cede, una vez que los “niños pequeños” Sarah y Brad reciben un golpe de cordura suburbiana, y cada quien regresa al letargo propio del cual saben nunca debieron despertar, pero secretamente se regocijan haber salido por un momento.

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 Calif: 4.5 /5

Martín Ramírez es considerado uno de los mejores exponentes de la plástica de las últimas décadas (a pesar de que murió en 1960), mexicano por nacimiento y crianza pero adoptado por el arte estadounidense, Martínez creó más de 300 dibujos en papel que ahora se presentan con gran éxito a lo largo de galerías de prestigio como las de Nueva York, carentes de una estética perfecta pero llenos de pasión y expresión, estos dibujos provocan la intriga en el observador; la impresión de intranquilidad, desasosiego y desesperación, son confirmados una vez que se conoce la vida del autor.

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Ramírez, oriundo de Los Altos, Jalisco, deja atras una esposa, cuatro hijos, y un pedazo de tierra, buscando una oportunidad en EUA en 1925, en California trabaja en minas y ferrocarriles hasta 1931 cuando la Gran Depresión lo deja sin trabajo y quebrado, vagabundea por las calles donde poco a poco se agrava una condición mental que lo aqueja, tiempo después es arrestado por la policía y diagnosticado con un tipo avanzado de esquizofrenia. Pasaría el resto de su vida encerrado.

Martín dejo de hablar pero en cambio dibujaba de manera prolífica, desafortunadamente muchos de sus dibujos fueron perdidos ya que los custodios del instituto mental se encargaban de quemar la mayor parte de los objetos de Ramírez por temor a un contagio de tuberculosis, hasta que su talento es descubierto por el Dr. Tarmo Pasto cuando encuentra el trabajo escondido por el mismo Ramírez. Se convertiría en su amigo, y más tarde en representante de su trabajo artístico.

Su vida es reconstruida o al menos sentida a traves de pedazos de papel y lápiz, patrones de líneas que se repiten y curvean hasta el límite de la desesperación, trenes infinitos que viajan en círculos, figuras e íconos que son la profunda huella de su pasado, será él el único que podría entender y tratar de explicarnos su vida y lo que pasaba por su cabeza al dibujar línea tras línea, que hoy son una intriga.

Martín muere solo y enclaustrado en un hospital en 1960, lejos de su familia la cual se olvidó de él y él de ellos.

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300

marzo 29, 2007

Dentro de la siempre interesante historia griega, la Batalla de Termópilas se destaca por todos los elementos épicos y románticos que la conforman, un ejército tan reducido como el espartano se lanza sin temor a la guerra contra los persas, liderados por Leónidas los 300 soldados (que en realidad eran aprox. 1000) se encierran en un desfiladero nulificando así la superioridad númerica asiática, adornada con muchos mitos y frases célebres, la historia de esta batalla es presa fácil para la industria del cine.

“300” dirigida por Zack Snyder, gira totalmente en torno a la lucha física de la batalla, y deja de lado muchos conceptos, lo cual es aceptable debido a su naturaleza de película netamente de acción que la aleja de otros trabajos similares como Gladiador, Alejandro Magno, y hasta Cruzadas que si nos ofrecen una ubicación política, histórica y social de sus épocas.

Snyder “redondea” su película añadiendo pequeños elementos e historias, que más que completarla dan la sensación que son escenas que sirven como simple descanso de tanta sangre, espadas, flechas y decapitados. Discusión aparte merece (o al menos eso piensan otros bloggers) la supuesta homofobia del filme con la androgenización de Jerjes y el comentario despectivo a los atenienses como “amantes de muchachos”, personalmente creo que sólo es una perspectiva artística y estilizada para la diferencia marcada de los bandos, pero hasta ahí.

La fotografía es excesivamente preciosista que termina por saturar, aburrir y a la larga neutralizar el efecto de muchas imagenes que ciertamente son una hermosa postal de forma individual, destacan la fotografía de escenas como la de los barcos destruyéndose en la costa, los soldados persas siendo acorralados y cayendo al desfiladero, la escena de la batalla final, el oráculo, etc.

Tal exageración visual justifica la sobreactuación de los actores como si el director dijera “vamos! es una película de acción no seas exigente”, pero está actuación fuera de tono ridiculiza algunos dialogos históricos como “tomad un buen desayuno, pues hoy cenaremos en el infierno”, o “sus flechas cubrirán el sol y volverán noche el día”. Hasta este punto concluiría mi opinión de la película como una de acción, con bonita fotografía, que me sirvió para deleitarme la pupila con cuerpos atléticos y el trasero de Gerard Butler, pero la cosa no termina ahí, al final de la proyección no se puede dejar de notar los mensajes pro-EUA de la película, la defensa de la “libertad”, la soberanía de un gran pueblo, lo sombrío de los pueblos asiáticos, la necedad y fundamentalismo de Jerjes como persa, la victimización de un pueblo que no comprende porque es atacado, en fin, y todos estos simbolismos son tan obvios que el buen o regular sabor de boca que te puede dejar “300” es borrado por su cinismo de tomar como emblema la política de su país que no sabemos hasta donde se detendrá. No podríamos esperar menos de Hollywood.

Calif: 2.5/5

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Cartas desde Iwo Jima

marzo 19, 2007

Cartas desde Iwo Jima recrea la batalla entre EUA y Japón ocurrida de febrero a marzo de 1945 en la isla Iwo Jima (isla de azufre en japonés), dirigida por un ya aclamado Clint Eastwood, que no tiene mucho que demostrar después de dirigir Unforgiven y Mystic River, muestra desde una perspectiva japonesa los estragos de la guerra (irónicamente siendo Eastwood un icono de lo americano).

Dejando en un segundo plano el patriotismo de una batalla como está, presentando pero ignorando los movimientos militares, la película se concentra en los pensamientos personales y colectivos de unos soldados predispuestos a la derrota y eventualmente a la muerte.

Mientras cava trincheras y tuneles, Saigo le escribe a su esposa embarazada, “cavamos, cavamos hoyos, será que cavamos nuestras tumbas?”, a pesar de ser un panadero humilde Saigo es inteligente y el más consciente en su regimiento de las situaciones que se viven; él representa la convicción de sobrevivir, ya sea por el deseo de hacerlo o por la obligación, por la promesa que le ha hecho a su hijo aún en el vientre, “te diré un secreto hijo, yo regresaré por ti”, lo que muchos verían como cobardía yo lo percibo como la inteligencia de sobrevivir, ¿alguien lo puede culpar por querer conocer a su hijo y verlo crecer?, él ha sido victima de esta guerra en la que no cree y no le apasiona, no siente una obligación con un país que le ha quitado todo hasta dejarlo en la ruina. Al contrario la obligación y el sentimiento crecerá en él mientras estrecha lazos con sus compañeros, en esas cuevas malolientes y todos mueren de hambre, sed y disentería.

Saigo conocerá a Kuribayashi, el coronel a cargo de la resistencia de la isla, quien lo salva de un castigo “todo viene un grupo de 3” dice Kuribayashi, en una premonición del futuro. El coronel que vivió un tiempo en Estados Unidos es enviado a esta tarea porque su gobierno considera conoce al enemigo. Mientras escribe a su mujer en Nagano y pregunta sobre su hijo, también recuerda su época como invitado en América, él tampoco desea luchar a pesar de sus ideales militares “¿acaso las convicciones de mi país, no son también las mías?” Poseedor de un sentido de estrategia envidiable, causa cierto asombro a sus allegados al dar ordenes que parecen contraproducentes a la causa japonesa, pocos lo apoyan muchos no, los más patrióticos no, aquí es donde Kuribayashi los aventaja debido a que no se hace falsas esperanzas, han de perder pero aún así ellos están aquí para morir, y eso vale la pena si es que sus niños tienen un día más de libertad, morir vale la pena.

Y en el ambiente de una hermosa fotografía y un sonido impresionante, los defensores de la isla van y vienen en pensamientos mientras escriben sus cartas, pidiendo perdón, despidiéndose, o ignorando por decisión totalmente su suerte, todo esto en la soledad de una isla de azufre dentro de cuevas donde conviven con 15 personas más que igualmente libran una lucha interna por decidir su destino. Tiene tanto mérito el joven que llorando y viendo fotos de su familia se suicida, o el joven que se entrega como prisionero porque aún tiene mucho que vivir, Kuribayashi que con dolor en el corazón encabeza la última resistencia cuerpo a cuerpo, o Saigo que aún ajeno a esta guerra pelea a mano limpia por el honor del hombre que le salvo.

Son pues, las Cartas de Iwo Jima, una multitud de murmullos lejanos que juntos son el eco de un adios de un montón de soldados, perdón corrijo, de un montón de hombres que se preparaban para morir.

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Calif: 4/5.