No recuerdo si fueron tan sólo unos meses después o tal vez hasta un año de haberlo visto por última vez que me disponía a dejar la ciudad. Nunca me hice de mucho durante todo este tiempo. Siempre me pensé un cuidadano pasajero del lugar. Mis pertenencias cabían en exactamente dos maletas. Todos los muebles de mi cuarto donde David y yo hacíamos el amor o teníamos sexo, depende en que momento cuente la historia, eran del arrendador.

Para ser honesto, David era ahora tan sólo parte de toda la marcha de personas que se habían cruzado en mi vida estos tres años y que transitaban en fila por mi mente ahora que me mudaba. Su turno llegó mientras cerraba los cierres de las maletas y de reojo ví que el cuadro del bote solitario en medio de un río en blanco y negro aún estaba ahí. Después de cada visita de David  me quedaba haciendo la cama otra vez antes de regresar al trabajo, entonces veía el cuadro por unos segundos  y me sentía un poco solo. No era una soledad atribuida a la tristeza del sexo casual sino mas bien la de aquel que acaba de acostarse con la persona que quiere  y se resigna a aceptar lo inevitable a solas, a tomar un poco de aire y decir ‘vaya que estoy jodido, porque estar contigo me hace feliz’. Es la soledad del que se enamora de un hombre con pareja.

Un año despues creo ver a David bajo una luz mas clara. Un año después de la última vez que le ví desnudo me dispongo a mudarme una vez más y dejar esta ciudad, esta ciudad donde paso tanto. Esta ciudad representa los tres mejores años de mi vida. No los mejores porque todo haya sido bueno, sino porque creo que he madurado. Es complicado explicar este tipo de madurez, pero mis experiencias durante este tiempo definen el hombre adulto en el que me estoy convirtiendo. Aquí fue cuando tuve mas amigos, cuando conocí más del mundo, cuando tuve las peores decepciones profesionales, cuando más me divertí, deprimí  y cuando mas evité a mi familia. Ahora veo que David no representa una relacion fallida sino que me hace ver lo putamente inseguro que soy y que a mis casi treinta años será difícil superar. Estaba yo ahí aún ilusionado en ese departamento vacío porque al pensar en David, nada era recuerdo, todo era pregunta ¿Se acostaría David conmigo ahora que traigo unos kilos más?, ¿ Cómo es que se llama su pareja? porque él nunca me lo quiso decir. ¿Alguna vez piensas en mí David cuando estás sentado en el bote solitario en medio del río en blanco y negro? David, como una ilusión del pasado, me hace ver que he dejado que mi sexualidad sea gran parte de lo que me define como hombre y me temo que seguirá siéndolo por un tiempo más.

Me siento en el sillón del departamento con las maletas listas. Esperando a mis amigos que me llevarán al aeropuerto donde un vuelo a Philadelphia me espera. Tendré un nudo en la garganta porque siempre me ha sido difícil controlar la mezcla de emociones típicas de aquel que se marcha para no volver. Del que viaja para hacer y ser en diferente lugar, con diferentes personas. Creo que tendré un universo paralelo en la nueva ciudad. Pasaré por exactamente las mismas situaciones con versiones nuevas de las personas que conocí aquí. El timbre suena y tomo mi equipaje. Tengo miedo y algo de ansiedad, pero mis amigos estan aquí y trato de sonreír. Por momentos soy optimista y pienso que cuando me llegue el turno de conocer al siguiente David, el me dira ‘vaya que estoy jodido, porque estar contigo me hace feliz’. Entonces sonrio.

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Nunca conocí a David fuera de mi cuarto. Entonces, era suficiente. Estaba acostado sobre él, mi cabeza en su pecho. Me decía algo sobre juntas, cortes y abogados. Siempre que estaba por irse comenzaba a hablar de lo que tenía que hacer esa tarde. Su pecho moviéndose arriba y abajo con su respiración, yo contaba sus vellos. Muy débil o acaso porque trataba de ignorarlos, oía sus latidos. Cuando uno empieza a contar los latidos del otro, es señal de que las cosas no terminarán bien.

En la pared al lado de la ventana, está el cuadro en blanco y negro de un bote en medio de un río solitario. Un rayo de luz pasa a un lado del bote iluminando el fondo del río. El instante se ha ido. El reflejo de un coche que ha pasado, pensé. Es apenas ahora que noto que nadie está en el bote.

– ¡Ahí está!, -¿Qué?, -Siempre que te hablo terminas por desviar la mirada. No respondí. No es propio de quien sólo tiene sexo casual de decirle a este abogado que podré estar desnudo con él, pero que no puedo verlo a los ojos por aquello de sentirme vulnerable. -Te reto a verme a los ojos por más de 5 segundos. Lo miré a los ojos. Entendió que hice lo que me pidió que no hiciera. Entendió aquello de sentirme vulnerable porque lo quiero. – Son veinte años. Eso es lo que tú no entiendes. No podrías ahora, pero espero que algún día comprendas y no hagas lo que yo. Esto. Es ahora él quien ve al cuadro. Piensa, se siente culpable. Y tenemos sexo. A pesar de todo no queremos sentirnos así, culpables. Te das cuenta David? siempre es el tiempo. Es el tiempo quien nos detiene. Tus veinte años con alguien más, las dos horas que podemos estar juntos, el medio segundo del reflejo de luz en el bote triste, los quince años de diferencia.

David toma su saco y checa sus bolsillos para no olvidar nada. Me da un beso de despedida que se siente extraño. Es la sensación tibia y cómoda que cuando se articula es un “justo aquí y ahora, te quiero” pero que sabes que no puedes tener porque es malo tenerla. Entonces los dos nos preocupamos, él más que yo. Algunas veces, cosas como estas pasan. Cerré la puerta, giré el seguro. Mientras en mi cuarto las sábanas revueltas y el bote en el río.

Conocí a N.  por un sitio de internet.

Quedamos  de ir a cenar a un restaurante italiano que queda en un punto medio entre los dos. Por su perfil en el sitio, yo ya sabia mucho de él, al contrario mi perfil no daba mucha información. Definitivamente yo sería el que haría más plática porque siendo el extranjero soy el que tiene las cartas en la mano: hablando de mi país, de mi familia, que hago aquí, de como funciona ser gay de donde vengo, que si también somos promiscuos allá, etc. Sorpresivamente nos llevamos muy bien desde un principio. No puedo explicar esa conexión que tienes con ciertas personas y que tiene mucho que ver con el momento. Simplemente hicimos click. Fisicamente no me lleve ninguna sorpresa, era tal y como se veía en las fotos, aunque si le note mayor edad, aunque es común que gente que pasa de los 30 se quite unos años de encima. La plática y el vino fluía. Nos dirigimos a otro bar de la zona y seguimos charlando. Para ese momento sentí tenía un nuevo amigo, una meta que ya me había propuesto y un límite que ya me había fijado después de leer su perfil en internet.

Lamentablemente N. pensó en mi diferente. Vio una posible relación. Después de la segunda salida, empezó a darme indirectas y directas de la atracción. Después de ir a tomar unas copas  a un bar gay de la ciudad, justo en el estacionamiento de mi casa, fue que tuve que mentirle la primera vez. Tenía que ponerle un alto pero mas bien solo fue un “hay que ir más despacio”. No sabía como poner las cosas sin hacerle daño. Le dije que las cosas debían tomar su tiempo, que no era el momento para saltar a una relación para ninguno de los dos. Él, aún viendo una posibilidad, aceptó con la condición de seguir tratando. No me quedó mas remedio que darle segundas falsas esperanzas.

N. es seropositivo. Lo sabía desde un principio y él me lo dijo mientras ibamos a un restaurante en la tercera cita. Lo dijo en un tono normal, sin darle mayor importancia al asunto. Después de varios meses de salir como amigos, N. prefirió mantener la amistad y no seguir tratando de formar una relación. Ahora somos muy buenos amigos.

Sin embargo, me quedé pensando en mi decisión. Una cosa es cierta, N. no me atrae como hombre, ni el sentido físico ni romántico. Pero que tanto jugó el hecho de que es VIH+ en todo el asunto? Si me pongo a pensar, y creo que esto cubre a la mayoría de nosotros, las parejas serodiscordantes son aún muy raras, cuesta mucho quitarnos el miedo al contagio a pesar de que la comunidad médica dice que la convivencia de estas parejas es posible con una posibilidad de transmisión casi nula.  Es ese “casi” lo que nos detiene?

N. esta saliendo con P., es  un muy buen tipo, me agrada, es 8 años menor que él. También es seropositivo.

No es mi intención ofender a nadie con este post.

Saludos.

H.

No tengo, o al menos no quiero tener, el objetivo de desacreditar a nadie en esta entrada. Sin embargo creo que va siendo hora de ponerme a meditar en el asunto. Me ha llamado la atención la gran cantidad de hombres que acuden al gimnasio o “gym”. Eso no tiene nada de maravilloso ni cuestionable, sí pensamos que una vida saludable es derecho y obligación de todos nosotros, y la vanidad es, al fin y al cabo, común en el ser humano.

Ahora, cuando tomamos esta nueva tendencia de vida citadina y la colocamos sobre la comunidad gay, de alguna manera me preocupo, trato te tomar el tema como fenómeno social a pensarlo en una cuestión personal. Al parecer la insignia de nuestra comunidad no es el arcoiris (creada en los 70’s) sino la superficialidad. La incapacidad de crear lazos fraternales debido a lo incógnito y anónimo de forma de vida, la testosterona que nos hace rendir un culto a lo sexual y físico sobremedido, la facilidad y frialdad del sexo homosexual, la etiqueta puesta sobre el gay de: exitosos profesionalmente debido a la falta de familia. Todas ellas grandes verdades. Me hacen pensar que son la causa de nuestra superficialidad.

Mi preocupación reside en el hecho de que se haga definitivo el requisito de ser “atlético” para poder aspirar a una  relación sentimental. Pensé que el fenomeno sólo ocurría en las páginas de perfiles gay (que son más bien páginas de encuentros)  y en chats; aunque de entrada no podríamos esperar alguna cosa seria en estos sitios pero la inicial premisa que mucho promete de “Busco una relación seria con alguien honesto, sincero, maduro, que quiera compartir su vida…” se desvirtua cuando leemos el final de la plegaria virtual “…que sea guapo, atlético y bien osea cero nacos. Gracias”. Pensando que el siguiente escenario para conocer gente, los bares y/o cafés gay, son ambientes stupid-hollow-people-free, no es así. Acepto que es necesario una atracción física para iniciar un contacto pero el descartar alguien a quien no cumple con el checklist de: guapo con sixpack, brazos gruesos, torax fuerte y definido, piernas marcadas, espalda ancha, se me hace tonto, y mucho más para los que presumimos que no buscamos una belleza externa sino interna.

Creo que mi comentario sería repudiado por todos, ya que alegarían el derecho a los gustos físicos de cada quien, y obviamente un cuerpo escultural y definido es considerado como atractivo por la inmensa mayoría. Sin embargo creo que esa delgada línea de los gustos personales ha sido superada y nos ahogamos cada vez más en el estereotipo que nos hemos impuesto. Y es que el gran porcentaje de la comunidad homosexual tiene un retraso de madurez debido al closet en el que nos guardamos por años.

Obviamente hay un miedo personal que me mueve a escribir esto porque como supondran no pertenezco a esta nueva ola de adictos al gym. Veo cada vez más lejana la posibilidad de encontrar una relación sentimental ya no satisfactoria, sino una relación formal tan siquiera. Toda toma de partido en un tema inicia con la afectación personal, por supuesto.

Viene a mi mente HV. un amigo mío gay que frecuento muy poco,  un muchacho con sobrepeso y con un autoestima baja, se quejaba del ambiente gay frívolo y superficial y la necesidad de una pareja, es una persona buena pero con cierto trauma debido a eso. Lo encontré ayer después de un año de no verlo, bajó 20 kilos de peso, entró al gym y ahora luce un cuerpo como él mismo le llama “atlético”, sus ánimos están renovados y dice que se considera fuera del ambiente, – me molestan todos los putos y su comunidad tan estúpida e inmadura – dice, le expuse mi idea acerca del fenómeno gym. Me dijo, algo molesto, qué no formaba parte de esa corriente, lo hizo por y para él, antes se sentía descontento con su cuerpo e inevitablemente deprimido, no le gustaba verse al espejo y con un sentimiento constante de derrota. Entendí. Se le notaba el cambio de actitud. Fue entonces que lo felicité pero no por lo bien que se veía sino por el triunfo personal que eso significaba, el saberse capaz del esfuerzo, la disciplina, vencer al reto de mediano plazo. Ahora sabe que es capaz de muchas cosas, la confianza  se ve en sus ojos. Me dio gusto por él. Será que esta es la cara que debería yo ponerle a esto de gay-going-to-the-gym?

Por mi parte creo que retrasaré lo más que pueda ceder a la tendencia, me siento sano con mi rutina de ejercicio actual. No me considero una persona desesperada por sentirme “aceptado” por los demás en cuestión física – y espero nunca estarlo. Pero bueno, uno nunca sabe. Si es así, espero tomar la actitud de mi amigo HV.

Saludos.

H.

Hoy he vuelto a soñar lo mismo. Estoy acostado en su cama viendo a través de la ventana el jardín trasero. Es de noche. Las sábanas son blancas y siento (no oigo ni escucho), siento su respiración junto a mí. No me es necesario verlo, por el contrario me concentro en el viento que cruza y toca los arboles, las plantas, la cerca, la ventana, su casa; su casa donde está su cama, donde estoy acostado junto a él. No me es necesario verlo porque sé que detrás de mí su mano dormida toca levemente mi cabello. Estoy feliz. Sólo siento su respiración que recorre las sábanas blancas mientras veo a través de su ventana el jardín trasero. Cuando se sueña no se es sino que se está. Desperté.

Desperté con la boca seca en este cuarto sin ventanas. Busqué mi medicina pero recordé que tenía la caja vacía desde hace dos días. Necesito un trabajo, necesito bañarme y quitarme este olor a saliva seca de mi cuerpo. Saliva de la aventura de anoche, el nombre aún no lo he olvidado aunque sé que no le volveré a ver.

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Mi psiquiatra me ha dado unas muestras médicas suficiente para una semana. Todo vuelve a ser como antes. La sensación de posibilidad se desvanece. La luz del día se nivela y los colores de los cosas menguan. Todo tiene el color del atardecer que muere y de la noche que regresa una vez más. Es seguro que no habrá angustia. Es seguro que podré dormir. No sé lo que pensaré mañana ni lo que querré. Lo que si sé es que cualquier sueño será olvidado.

No puedo más. Nadie puede más.

H.

Desde que empezó este año me encuentro en un país extraño. Donde no se habla mi idioma. A pesar de que estamos ya en marzo el invierno ha sido bastante insistente, por ponerlo de alguna manera, no voy a negarlo me he sentido solo, la nieve, la lluvia y la baja temperatura no me han permitido hacer muchos amigos. A falta de la posibilidad del exterior, el internet ha sido un buen aliado, y ¿qué quiero decir con esto? Tengo una serie de “amigos gay” por internet, varios de ellos han sido lo bastante amables como para invitarme a salir.

He salido con 3 personas. J1 y J2, tienen el mismo nombre, el primero me invitó a un bar gay. Hablamos un poco, parece que no fui lo que él esperaba, no hicimos migas. Aún así le agradezco el hecho de invitarme a salir y platicar un rato. J2 es bastante llevadero, un hombre de unos 40 años, pero se comporta como de 20, le tengo mucha confianza, lamentablemente él viaja toda la semana y solamente los fines de semana está en la ciudad, sólo hemos salido una vez.

El tercero y la razón de este post se llama C. C es un hombre de 37 años, con doble carrera, no porque sea muy inteligente (que lo es), pero su primer oficio no le gustó así que se decidió por otro totalmente diferente ahora es psicologo terapeuta, llevadero, una voz muy franca y honesta, tiene una habilidad para que la gente sea abierta y confíe en él y eso me asusta, tiene un cuerpo envidiable y una sonrisa hermosa.

Hemos salido tres veces. La primera vez, y la más difícil para mi fue un café, por mi timidez y mi acento en el idioma, la comunicación no fue tan fluida, él ayudó bastante, a pesar de haber tenido momentos incómodos creo que nos la pasamos muy bien. Dos horas después dijo tener una cita para un masaje por lo que me fue a dejar a mi casa, quedamos en salir otra vez.

Una semana después y por mi falta de celular en este país, decidí mandarle un correo para ver como iba todo con su papá (me había comentado que estaba bastante enfermo). Me agradeció preguntara por su padre dijo que todo estaba bien y me invitó a salir otra vez. Ese fin de semana fuimos al mismo bar gay al que fui con J1, le hablé de J1 y qué ya no me hablaba, dijo que J1 era un imbécil por ser tan grosero, hablamos más y con la ayuda del licor la plática fue mucho más fluida, reímos mucho, decidimos visitar otro bar sin tanto ruido para platicar mejor. El juego del flirteo empezó ahí, yo no estaba muy seguro porque soy muy malo para eso, todo fue bastante obvio cuando camino a casa empezó a tomar mi mano, yo acaricié su cuello y su cabello. Pasamos de largo mi casa, fuimos a la suya. Bebimos un poco más. Para no hacer el cuento tan largo, nos besamos toda la noche, apenas y nos quitamos las camisas. Dormimos juntos. Ha sido el mejor rato que me he pasado en mi vida. A excepción de lo siguiente: en un punto de la noche que su boca se encontraba entre mi ombligo y el pantalón, encontró unas marcas que tengo ahí y en otras partes del cuerpo, son cicatrices de varicela que tuve cuando niño pero debido a que mi piel cicatriza muy feo son marcas que se notan. Se asustó, pensó sería herpes o algo por el estilo, le expliqué, lo discutimos un poco ya que nos habiamos preguntado mutuamente sobre nuestro estatus y yo honestamente dije que estaba sano. Me creyó y seguimos disfrutando toda la noche. A la mañana siguiente fue a dejarme a mi casa, yo dejé muy claro que me la había pasado excelente.

Pasé días de angustia pensando que no me llamaría. Me mandó un mail una semana después invitándome a salir de nuevo. Salimos a cenar, toda la noche fue un flirteo más notorio. Caminamos un poco por la zona, y después fuimos a su casa. Todo paso igual pero ahora un poco más intenso, yo me atreví a ir un poco más alla. Le hice sexo oral. Dormimos juntos. A la mañana siguiente las cosas empezaron a ponerse calientes otra vez, ahora parecía que él me haría sexo oral. Y empezó el problema otra vez. Vió dos diminutos puntos blancos en mi pene, marcas que siempre he tenido y por lo tanto no pensé fueran necesario explicar. Se detuvo. Vio mi cara de molestia, dijo que simplemente era precavido, y yo le dije que me molestaba un poco, porque si yo ya había dicho honestamente que estoy sano, esperaba que me creyera. Le dije que temía que pensará que tenía una enfermedad y que no me hablaría más, dijo que no era así. Dejamos pasar el momento, no valía la pena terminar una gran noche con una discusión.

Me fue a dejar a mi casa, en el camino le traté de decir que me la paso muy chido con él y no nada más durante las cosas que hacemos en su casa, sino que disfruto mucho salir y platicar, conocerlo. Digo que traté de decirle porque parece que no me expresé correctamente en su idioma y lo que él entendió fue que le decía “nos la hemos pasado muy bien” en forma de despedida, me mostró su cara de preocupación, ¿Te estás despidiendo? No, no claro que no. Se estacionó. Nos despedimos rápido porque tenía que estar en la iglesia. Finalmente le dije que me llamara después.

C me trae loco, pero sufro por las siguientes razones. 1. Es la primera vez que una persona tan atractiva tanto en personalidad y físico que me gusta se fija en mi (él jura que le parezco muy atractivo) entonces tengo esa neurosis constante de que yo deje de gustarle. 2. El hecho de que sea psicologo me hace pensar que siempre me está analizando y me da miedo que se de cuenta lo embobado que me trae. 3. Su paranoia por las enfermedades, lo entiendo, y me demuestra que es una persona responsable, no lo culpo por detenerse conmigo si apenas nos conocemos tampoco es mi culpa haber estado enfermo y tener unas marcas que siempre han estado ahi, pero lo que me molesta un poco es que yo fui totalmente honesto cuando dije que estoy completamente sano. Y me duele esa mirada que me dio dos veces como diciéndome “estás enfermo, y eres un mentiroso”. Yo sé que me la debo de tomar tranquilo que simplemente estamos saliendo pero molesta el hecho de que no confíe en mi, y yo le he dicho que extrañamente yo confío plenamente en él.

No sé que pensar…

Opiniones?

Sobre el miedo.

enero 20, 2008

Ayer llamé a la Clínica cercana a mi casa, me contestaron en el conmutador, – Clínica X, Buenas Tardes -, – me comunica al departamento de laboratorios por favor, ahí me pueden dar informes sobre los tiempos y costos de los examenes ¿verdad? -, no le iba a decir a esa desconocida de voz melosa pero aburrida que preguntaría sobre la prueba del VIH, quería saber que tan pronta y que tan cara era. – Si claro, ahí le pueden informar. Le comunico. -, empecé a escuchar la cancioncita de espera.

Yo, en un rincón de la oficina con las luces apagadas a pesar de que el día nublado me indicaba que había que iluminar todo el cuarto, siempre he sido de esas personas que demuestra en el exterior lo que siente o piensa dentro de si mismo sin darse cuenta, estaba yo totalmente encorvado sobre mi escritorio, casi abrazando la mesa, como el perro que se cubre y protege cuando espera un golpe, agazapado en la esquina más lejana de todas las cosas, a un lado de la resolana que entraba por la ventana. Me sentía solo y castigado. La canción de espera seguía, ya llevaba un minuto y no tomaron la llamada, la quise interpretar como una señal, colgué. Sentía alivio de no saber más nada de la prueba, al colgar todo se desvanecía, era como si el pensamiento nunca me hubiera asaltado, si la duda no existiera, eso es mejor que enfrentar las cosas, es la pequeña y falsa zona segura, negar todo. Me sentía solo.

Tengo 24 años, y he sido sexualmente activo los últimos cinco. La primera persona con la que experimenté fue mi compañero sexual por varios meses, con él probé basicamente todo, nunca nos acercamos de otra forma que no fuera esa, digamos que en otras circunstancias no hubieramos sido amigos, nos separamos cuando supe que él tenía otros compañeros sexuales y de ahí en adelante sólo he tenido encuentros casuales, siempre había tratado de no llegar al punto de la penetración, era mi manera de mantenerme a salvo, pero eventualmente sucedió, más veces de las que yo pudiera contar. He tenido cuatro encuentros sexuales sin protección en los que he participado como activo y de alto riesgo. Sobra decir e imagino que se infiere que nunca he tenido una relación sentimental.

He buscado y leído información en la red sobre la prevención, estadísticas y probabilidad del contagio, cada vez busco ideas y datos reconfortantes y descartar así el hacerme la prueba, como que el activo tiene menos chance de contraer el VIH, que el que consume drogas está más expuesto al contagio por su enajenación en el momento del contacto, que el condón es 99% seguro, que el sexo oral es casi descartado como vía de contagio del virus, buscaba testimonios de seropositivos que se alejaran totalmente de mi, que ellos no fueran lo que yo, que no vivan donde yo, infantilmente me trato de erradicar de todo, pero al fin y al cabo toda la información resume que el examen es la única manera de descartar la el virus.

Todas las páginas de centros de salud, periódicos, centros de ayuda, blogs, dicen eso, hacerse la prueba, “supera el miedo, ten valor y házte la prueba”, suena tan fácil, pararse un día en un laboratorio, una muestra de sangre y en 20 minutos o un día, ahí está tu hojita de papel con una sola palabra importante: Positivo o negativo. No le reclamo a nadie ni reprocho nada, yo soy responsable de mis actos, lo sé, pero ¿Cómo manejar la sensación en el estómago cuando te paras en el hospital y con toda la pena del mundo pensando que todos te observarán cuando pidas una prueba para VIH?, ¿Cómo no interpretar la mirada de la enfermera como acusadora?, ¿Quién me asegura que no pensaré en mi padre, en mi madre, en mi hermano, en mi abuela, gota a gota cuando se va llenando el tubo con mi sangre?, ¿Podré ingeniarmelas para mantenerme en una pieza mientras transcurre el día?, ¿Cómo abrir el sobre al recibirlo, leerlo a la salida del hospital o mejor guardarlo en algún cajón y leerlo un día de estos, o romperlo?

Quisiera defenderme ante el juicio de quien lee, pero lo único en que puedo pensar son las cosas que me faltan por hacer, decirle a mi familia quien soy y ayudarlos a aceptarlo, algún día pagarme un viaje a Europa, comprarle un auto lujoso a mi padre, darle una casa a mi madre, que mi hermano me regañe porque consiento mucho a sus hijos, hacer profesionalmente todo lo que mi capacidad me deje hacer, poder vivir holgadamente, escribir el libro que siempre he querido aunque nadie lo lea, que me rompan el corazón, enamorarme de alguien, y él este enamorado de mi, vivir con él, pelearme con él, dormir con él. En cierta manera creo que la sociedad, y más esta sociedad latinoamericana es la que nos condena y nos ha dado la soga para que nosotros mismos subamos al patíbulo y nos dispongamos a la muerte.

Es mejor saber ahora y no después, yo lo sé, que la calidad y duración de vida aumenta con la detección temprana, que el VIH ya no es enfermedad mortal sino crónica, yo lo sé, también sé que hago mal. Pero es el miedo, el maldito miedo y no sólo a la muerte sino a todo lo que el virus y la enfermedad conlleva. La condena, la discriminación, la merma de la salud, las cargas retrovirales, enfermedades oportunistas, la vergüenza que haré pasar a mi familia, la pena a mi madre, la ignorancia de la gente etc etc. Es el miedo a saber que yo mismo fui el que me quitó el derecho a hacer lo que quiero de mi vida.

Por todo esto prefiero tontamente la duda, al menos por ahora.

Lo acepto, además de tener mucho miedo… me siento solo.

Saludos

H.

Hace dos semanas, estaba en casa de un amigo, uno de mis mejores amigos, me atrevo a decir, viendo el futbol, el partido era verdaderamente aburrido pero servía como pretexto para beber cerveza, él acostado en el sillón de 3 plazas y yo en una posición entre sentado y acostado en el sofá, en el medio tiempo barajeando los demás canales caímos en la película Philadelphia, no había mucho que decir, hacía bastante calor para estar en otoño y el sol que entraba por las dos ventanas de la sala no nos ayudaba mucho, Antonio Banderas, tan tibio como siempre, salía a escena en ese peculiar papel que poco participaba pero era uno de los pilares del personaje principal, viendo a ese Banderas tímido y enamorado de Hanks, fue cuando mi amigo dijo “la verdad es que creo que soy homofóbico…”, no me sorprendió pero tampoco me lo esperaba, mi amigo nunca había demostrado un criterio muy amplio ante muchas cosas, aunque siempre se había mostrado respetuoso e inteligente con la gente que no compartía sus ideas, convicciones o gustos.

Yo respondí sin dejar de mirar la película “ah si? y eso?”, no me sentí acorralado por la observación, a veces entre él y yo, hacemos ese tipo de comentarios bastante honestos pero que salen practicamente de la nada. “No sé, pero me parece que el mundo sería uno mucho mejor si los homosexuales no existieran”, entonces me dio miedo, es increible que le temas a uno de tus mejores amigos, pero me tranquilicé una vez que me di cuenta que el escenario en el que mi amigo me persigue con perros hambrientos en las calles de la ciudad, como nazi a judío era realmente ridículo. Me sentí triste, el resto del día tuve esa sensación tras de mi, en la nuca, ese malestar en el que sabes que no todo está bien, y supe que a partir de ese día las cosas ya no son iguales.

El partido terminó, más gente llegó al departamento, ellos traían mucha cerveza, fue una muy buena noche, tomamos, departimos, nos reímos bastante, escuchamos música y cantamos, cuidamos al mala copa, y estuvimos ahí hasta el amanecer, en resumen, una buena noche de juerga con los amigos. Aún así, en mi cabeza, seguía esa silueta oscura, como cuando ves el sol directamente y te sigue la alucinación por unos instantes, mi amigo acostado en el sillón con su botella en mano diciéndome que los homosexuales no deberían existir.

Al otro día en la tarde cuando cada quien se había medio recuperado en sus respectivas casas de la cruda, me llamó porque pasaría por mi para ir a la comida-festejo de una amiga, me preguntó como me había ido con la resaca y otras cosas, hablamos de todo y nada, quedamos a cierta hora, colgué y decidí… decidí que él sigue siendo mi amigo, lo estimo, sé que es una persona que vale la pena, pero sinceramente ya no quiero que sea ese tipo de amigo que uno guarda por muchos años, que intenta al menos por teléfono o correo seguirle la pista, y que dos o tres veces lo visitas donde quiera que viva porque resultó por casualidad que ese fin de semana estarías en su ciudad. Triste o afortunadamente para los dos poco a poco dejaremos el contacto.

Saludos

H.

La primera vez.

octubre 12, 2007

Él abrió su boca tan grande como pudo, la pegó a la mía y metió su lengua, la estiró tanto como si su meta fuera alcanzar mis amigdalas. Así fue mi primera experiencia con un hombre, tenía yo 19 años, y sucedió en mi cuarto. ‘Esto es lo que se siente cuando se besa a un hombre’ pensé, y yo veía su cara tan cerca de la mía que podía oler su piel, olía a sudor, era una noche de julio, imagino que todo ese calor fue lo que me dieron ganas de buscar un hombre por primera vez, ya había tenido pláticas virtuales y sexo telefónico, pero nunca había tenido la cara de un hombre tan cerca que podía olerlo, y este olía a sudor, no era un hombre en realidad, era un muchacho, de mi misma edad, pero al parecer más aventado y avorazado que yo. Sus ojos estaban cerrados mientras me besaba e intentaba tener la inclinación correcta sobre mi, los dos tratabamos de aprender, él quería aprender, yo quería saber si realmente quería aprender, pero cuando apenas me lo preguntaba ya tenía a este muchacho sobre mi, por eso tenía los ojos abiertos cuando se inclinó, aún no sabía esa regla tácita ‘durante un beso hay que tener los ojos cerrados’, esa la aprendí luego, con él y con otros.

Me había asegurado de cerrar bien la puerta, luego prendí el radio, subí el volumen pero no al máximo para no levantar sospechas, nos sentamos en mi cama porque no tenía donde más, de todos modos ahí habríamos de terminar, su nombre lo tenía muy bien aprendido, ya habían pasado varias semanas que hablábamos por internet y teléfono, y apenas hace dos horas acordamos conocernos, los dos estábamos calientes, yo estaba caliente y por primera vez besaría a un hombre, y sería dentro de mi casa, lo besaría a él que conocía su voz, su nombre y lo que estudiaba, no necesitaba más, lo besaría dentro de la casa donde yo vivía, una pensión estudiantil cerca de mi universidad mientras en el piso de abajo mis caseros veían televisión en su sala. No me importaba que nos vieran entrar juntos, ‘es una amigo de la escuela’, el truco de pedirle que trajera una mochila o unos libros de lo que fuera había funcionado, trajo un libro de macroeconomía, aún y cuando yo estudiaba ingeniería, pero nadie le tomó importancia a la falla del engaño, ni siquiera yo.

Tocó mi entrepierna, yo ya estaba excitado desde hacía mucho, desde que nos vimos en la esquina cerca de mi casa, tenía una erección, trataba que no se notara porque estábamos en plena calle, pero la de él era más visible. Me recostó en la cama mientras tocaba mis genitales sobre la ropa, besaba mi estómago mientras me desabrochaba el pantalón, sus manos acariciaban mi pubis mientras él metía mi pene dentro su boca, pasaba su lengua sobre mi glande, mientras yo sentía por primera vez una boca. Una boca en mi boca, una boca en mi pene erecto.

En estás primeras relaciones todo debe ser equitativo, yo te beso asquerosamente, tú me besas igual, yo te hago sexo oral por dos minutos, tú me lo haces por los mismos dos minutos, así me lo dijo, así lo hice, aunque ya sentía eran demasiadas sensaciones para una noche de verano, deseaba seguir teniendo mi pene en su boca, los besos? esos no fueron tan buenos, y lo supe hasta después; así como tampoco sabía lo que era hacer sexo oral, el sabor tan extraño y desagradable, la vista de sus vellos, mis dientes se incrustaron en él, gimió, ‘eso es morder’ me dijo, morder no está permitido, aprendí. Empecé a aprender.

No duré más de 15 minutos, tenía que explotar, ya sea que estuviera él aquí conmigo o que estuviera solo acostado tocándome, tendría que explotar, de una u otra manera, su presencia y la primera sensación del tacto aceleró el final, me besaba el cuello cuando terminé y yo veía a través de la ventana la ciudad que encendía las primeras luces, a partir de ahí no quería saber más de él ni su olor, la culpabilidad, aún hoy agradezco por mis culpabilidades, ¿qué habría sido de mi sino hubiera pasado esa noche en vela pensando ‘ya está hecho, no hay vuelta atrás’?, todas las suposiciones y justificaciones se desvanecieron cuando eyaculé, pero a cambio, para no dejarme desamparado, me presentaron a la culpabilidad, que sólo fue cómplice porque no hice más caso que el del momento, no me torturé cuando lo busqué otra vez, y mucho menos cuando busqué a alguien más, pero siempre regresaba justo cuando yo terminaba, y yo no quería saber nada más de ellos ni sus olores, sólo de mis culpabilidades.

Él se masturbó en el baño y a tientas buscaba mi ropa en el piso, trataba de no verlo a los ojos, pensaba que sería la última vez que lo vería, la verdad no me parecía atractivo, y sé que yo tampoco a él, no importaba, nos encontramos cuando nos necesitamos, nos saciamos uno al otro. Me equivoqué, nos vimos varias veces, siempre en mi casa, siempre en mi cama, siempre con el mismo libro del engaño.

‘Entonces, hablamos después, Beto’ me despedía en la puerta de mi casa, ‘en realidad, no me llamó Beto sino Daniel, perdón por no decirlo antes’, no importaba, no importaba porque aprendí la lección más importante de los encuentros casuales, todos mienten, y yo también empecé a mentir. Aprendía.

Nunca he tenido pareja. Debido a que aún sigo en el closet es difícil conocer a alguien que quiera estar conmigo o yo quiera estar con él. Me sentía solo, lo acepto.

Hace dos meses apareció alguien, que está interesado en mi, al menos parece estarlo. Él viene de una relación de 3 años, y antes de empezar a salir conmigo había tratado a 3 diferentes personas (nunca al mismo tiempo) pero con ninguno funcionó. Ahora debido a las coincidencias de nuestro encuentro y lo mucho que nos identificamos mutuamente, todo pareciera ser perfecto para iniciar una relación.

Yo tengo miedo y reservas, y por eso me comporto un poco distante y no tan inmiscuido en la relación aunque siendo honestos, muy ilusionado. Cuando te bajan la luna y las estrellas, cuando te hablan al oído, cuando alguien por primera vez se interesa en tí, en tus pensamientos, en tus sentimientos y en tu físico, no puedes sentir más que mucha mucha ilusión. Aunque totalmente convencido no estoy, una vez más siendo honesto, no estoy tan atraído fisicamente, y hay algunas cosas de su manera de ser que no me traen loco, imagino todo esto es natural, nunca has de encontrar a al persona que te llene al 100%. Esa “frialdad” y miedo, son notados por él, quien ha tenido dudas sobre si lo nuestro ha de funcionar, se alejó unos días de mi, lo pensó, lo meditó, le dio vueltas al asunto y ahora a regresado para asegurarme que realmente quiere intentar algo perdurable conmigo, es decir quiere que lo nuestro funcione por mucho tiempo.

Pero las historias como siempre, tienen su tinte dramático, en el tiempo en el que ha estado alejado se me presenta por cuestiones de trabajo la necesidad de viajar por un año a una ciudad bastante retirada de donde ahora me ubico, eso sumado a que por varios días no recibí noticias de él, me harían tomar la decisión, que me dolía pero muy necesaria, de dar por terminado mi primer intento de relación, y sabía que él me secundaría en esto, las relaciones a distancia no son relaciones, y lo nuestro requiere mucho cuidado y ganas, vaya! que lo nuestro tiene que crecer lentamente y a paso seguro.

Me ha sorprendido la manera en la que lo tomó. Él quiere esperarme. Esperará un año a mi regreso, asegura que mantendremos la relación a distancia gracias al internet y el teléfono, no quiere dejar escapar la oportunidad. Después de mucho hablarlo y hacerle ver los pros y contras de las cosas, él me ha ofrecido que iniciemos reconstruyendo nuestra relación, que nos dejemos enamorar, y cuando llegue el momento de irme, sigamos todo como una relación lejana y si acaso funciona, seguir como si nada a mi regreso, pero en dado caso de que yo conozca a alguien, o él conozca a alguien, nos dejemos ir mutuamente, libre sin resentimientos. Yo lo veo plenamente convencido… piensa esperarme un año completo.

Personalmente no sé si me funcione la distancia.

¿Qué hago?

Saludos

H.